viernes, 19 de enero de 2018

¿Se desploma el catolicismo en América Latina?



Sacudido por numerosos escándalos de pederastia, la Iglesia católica latinoamericana sufre una fuerte caída, que ni siquiera es capaz de detener Francisco, el primer Papa de la Patria Grande. Los fieles que huyen en estampida del catolicismo se van a las iglesias protestantes o se echan en brazos del agnosticismo y del ateísmo.

Hasta la imagen del papa Francisco se ha deteriorado en América Latina, donde el catolicismo perdió fieles frente al auge de la religión evangélica y un acelerado proceso de secularización, de acuerdo con un sondeo de Latinobarómetro presentado ayer en Santiago de Chile.

El estudio muestra la evolución de la religión en 18 países latinoamericanos entre 1995 y 2017, y llega pocos días antes de la visita que el pontífice realizará a Chile y Perú del 15 al 21 de enero.

“Lo más importante es la fuerte caída del catolicismo y el fuerte aumento de los que declaran no tener ninguna religión, que son agnósticos o ateos”, afirmó la directora de Latinobarómetro, Marta Lagos.

Según el trabajo, los latinoamericanos evalúan al papa Francisco con un 6.8, una nota inferior al 7.2 que recibió en 2013, cuando asumió el cargo.

El 6.8 promedio de la región contiene diferencias por países. Los que le dan una mejor evaluación al Pontífice son Paraguay (8.3), Brasil (8) y Ecuador y Colombia (7.5), mientras que en el otro extremo están Uruguay (5.9) y Chile (5.3).

Al filtrar las respuestas según la religión que profesan los encuestados, los católicos le dan una nota de 7.7 al Papa, los evangélicos 5.1 y los ateos o agnósticos 5.3.

Los países donde hay más personas que se declaran católicas son Paraguay (89%), México (80%), Ecuador (77%), Perú (74%), Colombia (73%) y Bolivia (73%).

El 65% de los encuestados en los 18 países de América Latina dice confiar en la Iglesia. Las naciones donde tiene más crédito son Honduras (78 %), Paraguay (77 %) y Guatemala (76 %), mientras que en Chile solamente el 36 % de los ciudadanos tiene confianza en la institución.

Según Marta Lagos, el punto de quiebre en el caso chileno es la condena por abusos sexuales contra el influyente sacerdote Fernando Karadima que el Vaticano dictó en 2011.

Antes que se destapara ese escándalo, la confianza de los chilenos en la Iglesia católica bordeaba el 60 %, pero en 2011 descendió abruptamente al 38 %.

La cantidad de latinoamericanos que se declaran católicos ha caído de manera paulatina durante las dos últimas décadas. Si en 1995 los católicos representaban el 80%, este porcentaje bajó al 59% en 2017, según el sondeo.

En el otro extremo, hay siete naciones donde la religión católica ya representa a menos de la mitad de la población: República Dominicana (48%), Chile (45%), Guatemala (43%), Nicaragua (40%), El Salvador (39%), Uruguay (38%) y Honduras (37%).

En países como Honduras y Guatemala, el brusco descenso de católicos está directamente relacionado con el auge de la religión evangélica, que se ha convertido en el credo mayoritario.

En Chile y Uruguay, en cambio, se explica por el alza de la población que no profesa ninguna religión, que es atea o agnóstica. En Uruguay este grupo representa el 41% de sus ciudadanos y en Chile el 38%, según la encuesta.

“A esta velocidad, de aquí a diez años la cantidad de países de América Latina que tendrán la religión católica dominante va a ser una minoría”, señaló Marta Lagos.

La directora de Latinobarómetro cree que el desencanto general con la religión católica en América Latina se debe al descenso de la pobreza y la aparición de una clase media más individualista que se aleja de las instituciones.

Marta Lagos subrayó que la elección de Francisco en 2013 tuvo un “efecto positivo” en el catolicismo y posee el carisma necesario para recuperar una parte de la fe perdida.

En su opinión, las visitas que ha realizado a la región y el próximo viaje a Chile y Perú reflejan la preocupación del pontífice por restituir la influencia que la Iglesia ha perdido durante los últimos años.

La encuesta del Latinobarómetro incluyó entrevistas personales a 1,200 personas de países sudamericanos y México, y 1,000 en Centroamérica, con un margen de error de entre 2.8 y 3 %.

Fuente: laicismo.org

jueves, 18 de enero de 2018

Comunidades indígenas: víctimas de la minería en Venezuela.


por Bram Ebus - Infoamazonía

Mientras los estados de Amazonas y el oeste del estado Bolívar están en manos de disidencias de la guerrilla colombiana, las comunidades indígenas se ven desplazados o volcados a la minería de coltán.

La ONG Organización De Mujeres Indígenas Amazónicas Wanaaleru ha denunciado que niñas indígenas han sido sometidas a ejercer la prostitución alrededor de las minas. Aunque la mitad de la amazonía venezolana cuenta con protección ambiental, muchas zonas ya están invadidas por la minería ilegal y por hombres armados.


*Lea las 6 entregas del reportaje en Infoamazonía

Durante tres meses, el periodista Bram Ebus recorrió esta zona, ubicada en su mayoría en el estado de Bolívar, Venezuela. Un escenario donde confluyen varios males del vecino país: los grupos armados ilegales, comunidades indígenas reprimidas y mineros infectados de malaria:

Los que llevan la peor parte de la bonanza minera en Venezuela son las comunidades nativas de los estados Amazonas y Bolívar a quienes se les ha usurpado la posibilidad de hacer minería, tanto legal como ilegalmente. Grupos guerrilleros colombianos – referidos por los locales como patagomas – están expandiendo sus operaciones mineras en el occidente de Venezuela y empresas explotadoras recientemente creadas anunciaron sus primeros proyectos en territorios indígenas.

En Puerto Ayacucho, Liborio Guarulla, gobernador del estado de Amazonas de 2001 a 2017 y un indígena Baniva, se sienta a su escritorio. A sus espaldas cuelga un cuadro al óleo del libertador Simón Bolívar. “La forma indígena de vivir se ha visto afectada por la presencia de mineros y grupos ilegales y armados. Y se han insertado en las economías mineras”, explica.

La gravedad de la situación es persistente en el estado de Amazonas, en donde hay casos de indígenas esclavos, con números tatuados en sus espaldas u hombros. “Cuando recibimos la denuncia de que habían matado a unos [indígenas] Yanomami, fui a la zona del Alto Orinoco, que es un municipio muy extenso”, dice el mayor general retirado del Ejército Bolivariano, Cliver Alcalá Cordones. En 2012, el Ejército comenzó una operación de tres semanas después de recibir la queja de que indígenas Yanomami fueron asesinados alrededor de proyectos de minería ilegal. “Yo vi a algunos yanomamis marcados”, recuerda.

Alcalá explica que varios indígenas fueron marcados por mineros invasores brasileños, llamados garimpeiros, que esclavizaron a los nativos en las minas. “Así, ellos pueden decir ‘este indígena es mío’”. No solo han sido esclavizados los indígenas, las jóvenes también han sido forzadas a ejercer la prostitución dentro y alrededor de las minas. “Las chicas ‘bonitas’ no pueden marcharse, las dejan allí”, explica Henelda Rodríguez, de la ONG Organización De Mujeres Indígenas Amazónicas Wanaaleru. “Las chicas que quieren escapar simplemente desaparecen”.

Amazonas no es oficialmente parte del Arco Minero, pero Guarulla teme que será cuestión de tiempo antes de que los proyectos infractores se expandan a lo largo de la frontera estatal. Más de la mitad de las tierras del Amazonas cuentan con protección ambiental, sin embargo, muchas ya están invadidas por la minería ilegal y por hombres armados.

Alrededor de 25 por ciento de las tierras venezolanas pertenecen a pueblos indígenas. Según el gobierno venezolano, 198 comunidades indígenas habitan dentro del Arco Minero, pero la mayoría de los territorios ancestrales no cuentan con límites legales ni protección. A pesar de que el derecho constitucional de reconocer legalmente las tierras indígenas existe desde 1999 (unos años después de seguir el ejemplo colombiano plasmado en la Constitución de 1991), apenas 12,4 por ciento de sus territorios han sido demarcados.

Comunidades indígenas que se encuentran en la vía de proyectos de prospección minera (un sector etiquetado como uno de los motores de economía nacional) se han convertido en un obstáculo para la industria minera, o peor, en mano de obra barata.

Guarulla argumenta que su estado ha sido invadido: “Prácticamente, es la guerrilla quien ejerce el control aquí. La guerrilla con la ayuda de las Fuerzas Armadas venezolanas. Ellos reciben parte de las acciones”. Según el ex gobernador, la guerrilla soborna al ejército para fungir como autoridad que controla las operaciones mineras. “Así pueden funcionar en la zona”.

El estado Amazonas comparte una frontera extensa con Colombia al oeste y conecta con Bolívar al este. De acuerdo con Guarulla, hay entre 4000 y 4.500 guerrilleros colombianos en Amazonas. La mayoría de ellos son del Ejército de Liberación Nacional (ELN) o de las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Organizaciones indígenas piensan que el número puede ser mucho más alto.

Mientras que los ex combatientes de las FARC entregan sus fusiles a las Naciones Unidas, y hacían su transición a la vida civil bajo el nombre Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), un número indeterminado de disidentes se desplazaban por Colombia. El ELN, que a principios de los ochenta fue el grupo guerrillero más grande de Colombia (y que acaba de romper el cese al fuego, acordado en las negociaciones de paz con el gobierno colombiano, en Quito) intensificó su presencia en Venezuela.

Aquí, las guerrillas colombianas han sido bienvenidas desde hace más de una década. Desde 2002, las FARC entraron oficialmente en Venezuela, que fungió como territorio seguro y nueva área estratégica – para movilizar a combatientes, armas y víctimas de secuestro – en los tiempos en que el ejército de Colombia aumentó sus esfuerzos para combatir la guerrilla en el territorio nacional, bajo el Plan Colombia.

Según Alcalá, el mayor general retirado del Ejército venezolano, grupos disidentes de las FARC que no querían participar en procesos de paz vinieron a Venezuela. Ellos están involucrados en economías ilícitas y lavado de dinero de la droga a través de actividades de minería ilegal en la que está implicada la población local. “La guerrilla fuerza a los indígenas a trabajar en sus minas”, explica Alcalá.

Tanto las FARC – cuando todavía eran un movimiento guerrillero – como el ELN financian operaciones con la comercialización de los minerales ilegalmente explotados, entre las ganancias de diferentes economías ilícitas. La guerrilla no podría haber escogido un mejor lugar como el subsuelo para esconder una variedad de los recursos más buscados del mundo como el oro, los diamantes y el coltán. Incluso, depósitos de uranio se han reportado y han llamado la atención del gobierno iraní, aunque un documento filtrado le quitó importancia a la viabilidad de su explotación.

Coltán al alcance de los dedos

Los depósitos de coltán están al alcance cuando se cruza la frontera venezolana desde Colombia. El mineral de coltán consta de dos minerales, colombita y tantalita, y se usa cada vez más en electrónica moderna.

Unos pocos países tienen depósito de coltán, pero de acuerdo con Roland Chavasse, director del Centro de Estudio Internacional del Tantalio-Niobio: “Se sabe que el Escudo Guayanés es muy, muy rico, posiblemente, el yacimiento más rico y más grande de coltán en el mundo”.

En la década de los setenta, el Instituto Nacional de Geología y Minería de Venezuela identificó una vasta reserva de tantalio en Venezuela. Años después, entre 1989 y 1990, un área habitada por los indígenas Piaroa fue investigada y recibió particular atención por sus depósitos minerales. Estos se ubican en casi todo el occidente del estado Bolívar, en los linderos de Parguaza y del río Orinoco. Sin embargo, no hay números oficiales de las reservas de coltán en Venezuela.

La escasez y la demanda de coltán caracteriza la importancia del mineral: usted lo usa ahora mismo. Está en su computadora y en su celular. Además, el tantalio (el elemento más importante de la tantalita) tiene aplicaciones militares como en la construcción de sistemas antitanques, bombas inteligentes, drones y robots. Tanto así que el Departamento de Defensa norteamericano recomendó almacenar coltán en 2015. Esto lo convierte en un mineral estratégico.



*Este reportaje se produjo gracias a una alianza entre Infoamazonía y el Correo del Caroní con financiación del Pulitzer Center. En Colombia cuenta con el apoyo de DeJusticia y Amazon Conservation Team.

miércoles, 17 de enero de 2018

El año en tecnología: tranquilos, todo va a seguir igual.


Santiago La rotta


Este será un año clave para definir el rol y las responsabilidades globales de las empresas de tecnología en temas como la difusión de la información y sus efectos sociales.

Las listas de fin de año son un tema difícil, áspero, pues están cargadas de una suerte de revisionismo que lleva, inevitablemente, a desacuerdos profundos. Cuando mucho, se trata de llegar a un consenso pegado con babas y que está bien lejos de ser un asunto unánime.

¿Cuál fue la noticia del año en tecnología? Más allá de los avances en inteligencia artificial, el vuelo que está tomando blockchain (el soporte fundamental de bitcoin) o los lanzamientos de dispositivos móviles (con el reconocimiento facial de Apple como gran novedad), quizás el desarrollo más importante fueron los varios líos de las empresas de tecnología: acoso, maltrato laboral y, claro, su influencia en todos los aspectos de la vida que sucede lejos del teclado.

Para ponerlo en pocas palabras: 2017 quizá pase a la historia como el año en el que las multinacionales de tecnología comenzaron a asumir parte de su responsabilidad en la diseminación de información falsa, discursos de odio y, en general, en la forma como digitalmente se organizan los ciudadanos en cientos de países.

El punto es que, al menos hasta la elección de Donald Trump en Estados Unidos, las plataformas se habían definido como eso: lugares de transacciones sociales o económicas y ya, apenas intermediarios para audiencias globales.

Después de ésta la cosa cambió, pues de por medio hay una investigación acerca de la intervención rusa en el proceso, un tema que pasa por la publicación de contenido falso y pago en varias redes sociales con el fin de afectar la opinión de los votantes.

No sólo es un tema de violación de términos y condiciones de servicio, sino casi de violación del funcionamiento regular de la sociedad. Seguir jugando la carta del intermediario inocente ya no es posible.

Desde cierta perspectiva, este es un cambio positivo, un movimiento que podría traer mayor transparencia a lo largo y ancho de internet. Pero también introduce una serie de variables que, cuando menos, están pobladas de incertidumbre: preguntas sin respuestas fáciles que, por lo demás, ya habían sido formuladas.

¿Quién controla el contenido en Facebook, por ejemplo? ¿Debe ser controlado? ¿Es una labor de la empresa? Si lo es, ¿esto no le otorga más poder? ¿Cómo interactúan estas tensiones con el ejercicio de derechos fundamentales como la libertad de expresión y la privacidad?

Estos y otros cuestionamientos permanecen abiertos en buena medida porque asignar responsabilidades en el vasto mundo de la red no es asunto fácil. Y aquí este tema conecta con 2018: las cosas no van a cambiar y, probablemente, tampoco a mejorar este año.

Resulta normal que una tecnología introduzca incertidumbre e inestabilidad en un sistema social o político. El cambio, en últimas, es la fractura (parcial o total) de un modelo anterior, de una forma de hacer o ver las cosas. La red sigue el mismo principio, tan sólo que amplificado y acelerado como nunca antes se había visto.

El aparente estado de caos en la producción y diseminación de información pareciera haberse tornado en la nueva normalidad: lo regular es que agonicen los discursos racionales, los hechos y, dependiendo desde dónde se mire, el sentido común. Hace tan sólo unos días el youtuber Paul Logan debió salir a ofrecer disculpas por haberse grabado al lado del cuerpo de un suicida en un bosque japonés reconocido por ser una locación en donde la gente va a suicidarse. El video fue desmontado por el propio Logan sin la intervención de Youtube.

Los reguladores en varios países han ido cerrándoles el paso a gigantes como Google, Uber, Facebook y Apple en temas que van desde presunta evasión de impuestos, competencia desleal y la imposición de responsabilidades más allá del reino de plataforma tecnológica.

Pero estas medidas se pegan de asuntos más formales, y acaso tangibles, como la tributación, los derechos laborales y la libre competencia. Sobre el tema de cómo se disemina la información, aún no hay acuerdos o parámetros más claros. Al menos no para todos.

Por ejemplo, empresas como Snap (casa matriz de Snapchat) han dedicado crecientemente más personal a curar y revisar el contenido informativo que circula a través de su plataforma, imitando en cierta forma el paradigma que cobija a los medios de comunicación tradicionales.

Pero lo de Snap parece ser una excepción en un panorama en el que la regla es seguir insistiendo en que pensar que Facebook puede torcer una elección es una locura.

Pero la locura es real.

martes, 16 de enero de 2018

FAO pide acabar con "triple discriminación" a la mujer indígena.



Foto: http://cuartopoderrm.blob.core.windows.net/


Las mujeres indígenas siempre son "las más pobres y las que están en situación más vulnerable", dijo el representante de la FAO

Telesur, 15 de enero, 2018.- Acabar con la "triple discriminación" hacia las mujeres indígenas es esencial para reducir los problemas que enfrentan a diario, aseveró este viernes el director de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), José Graziano.

Ser mujer, pobre e indígena es la triple discriminación a la que se refiere Graziano. Estas condiciones hacen que las mujeres indígenas se vean sometidas a "situaciones de violencia, discriminación e inseguridad alimentaria", aseguró durante un foro de la FAO en México.


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"Las mujeres indígenas se enfrentan a una triple discriminación que incluye la pobreza, el género y la etnia, tanto dentro como fuera de sus comunidades, lo que las hace altamente vulnerables" @grazianodasilva
El director de la FAO destacó que al comparar a las mujeres indígenas con otras de la misma región, siempre las primeras son "las más pobres y las que están en situación más vulnerable".
Graziano recordó la importancia de la agricultura indígena para la FAO y uno de sus elementos esenciales que son las mujeres.
Para mejorar la seguridad alimentaria de las comunidades indígenas, el representante de la FAO sugirió recuperar "productos olvidados", pues el consumo de alimentos se limita a 4 o 5 productos, como papa, soya, arroz y maíz. 
Por su parte, la representante del Consejo Asesor de Mujeres Indígenas, Guadalupe Martínez, añadió que "las mujeres indígenas se van a empoderar en medida que también aumente su educación".
El 5 por ciento de la población mundial (Unas 370 millones de personas) y el 15 por ciento de los más pobres del mundo se definen a sí mismos como indígenas.
Unos 45 millones de indígenas representan el 8,3 por ciento de la población en Latinoamérica y El Caribe, pero son el 15 por ciento de quienes padecen inseguridad alimentaria y pobreza extrema.

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Fuente: Telesur: https://www.telesurtv.net/news/FAO-pide-acabar-con-triple-discriminacion-a-la-mujer-indigena-20180112-0047.html
Fuente: Servindi

lunes, 15 de enero de 2018

Los pobres (y las pobres) como lugar teológico, a la luz de nuevos sentires emergentes.

BLOG de CJ CRISTIANISME I JUSTICIA

Estas Navidades he estado releyendo un artículo de Carmiña Navia, “Sentires teológicos emergentes: retos para las teólogas”[1], que en su momento me resultó muy provocador y que hoy lo sigue siendo. Su reflexión me inspira este post. Su relectura me hace consciente de la necesidad de descolonizar la teología. Hasta ahora las teólogas españolas hemos sido conscientes de la necesidad de despatriarcalizarla, pero descolonizarla es un nuevo salto al vacío. Los feminismos postcoloniales llevan tiempo retándonos a ello.

El reconocimiento de la imposible neutralidad del lugar de enunciación y de que un lugar en el mapa, un color en la piel, una identidad sexuada y construida culturalmente configura la manera en que pensamos, actuamos y concebimos las relaciones de dominación y la forma de enfrentarla, redimensiona la compresión de los pobres (y las pobres) como lugar teológico, abriéndonos a nuevas subjetividades y acentos. Hasta la irrupción y el reconocimiento de las diferencias, los pobres no tenían raza, ni color, ni sexo. Se identificaban por los aspectos socio-económicos. En la categoría pobres se incluían distintos aspectos de la marginalidad, se abarcaba la globalidad de la realidad de todas las personas que estaban fuera de los privilegios del capitalismo. Sin embargo, como no se puede detener la expresión de la diferencia, nuevos sujetos se han puesto en pie.

Por eso reconocer a los pobres hoy como lugar teológico es hacerlo como sujetos emergentes, es decir, identificando nuevas identidades que se declaran en rebeldía frente a la exclusión e invisibilidad a las que el sistema intenta reducirles y reclaman reconocimiento, participación, derechos, a la vez que aportan desde sus saberes compartidos y tradiciones elementos alternativos para hacerlo. Las mujeres, los y las desplazadas y desplazados: migrantes y refugiados, que constituyen el sujeto de la realidad de la movilidad humana por causas económicas, ambientales, políticas, religiosas, las comunidades indígenas, las personas marginadas por su orientación sexual o abusadas por la violencia patriarcal, las personas discriminadas por el color de su piel o su origen étnico son algunos de los rostros que toma la pluralidad del sujeto pobres hoy como lugar teológico. Su emergencia despierta también nuevos sentires y acentos en la teología, como reclama la teóloga colombiana.


Entre ellos la centralidad del cuerpo, la raza y el género.

El papa Francisco ha afirmado en numerosas ocasiones que los pobres son la carne de Cristo. Sin embargo, aunque el cristianismo es la religión del cuerpo, como leemos en 1Timoteo 3,14, el cuerpo ha sido el gran ignorado y devaluado a la vez que objeto de opresión y violencia en base a la jerarquización de la raza y el género. Por eso, un sentir que sigue siendo urgente para hacer teología desde el lugar teológico de los pobres y las pobres es la opción a favor del cuerpo. El cuerpo individual, el cuerpo social y el cuerpo cósmico, la tierra como cuerpo de Dios. El cuerpo es el centro de todas las relaciones, con sus necesidades físicas, psicológicas y espirituales. El cuerpo como lugar de comunión o de fractura, como lugar de respeto al otro o de humillación y abuso, como lugar de éxtasis, amor, y liberación o por el contrario de violencia y explotación.

Cuerpos marcados que llevan tatuados en la piel la violencia de las fronteras, el abuso sexual, la explotación laboral, la discriminación por ser negra o negro. Los cuerpos de las mujeres que siguen siendo concebidos en la mentalidad patriarcal dominante como cuerpos a disposición del varón e impurospara la representación de lo divino. Cuerpos violentados, discriminados por sus orientaciones sexuales o apaleadas por las fuerzas de seguridad bajo la legalidad injusta de la ley mordaza o la ley de extranjería. El cuerpo como lugar de Justicia, reconciliación, signo del Reino y resurrección. Cuerpos que vuelven a la vida tras pasar la noche de los infiernos humanos: cuerpos convertidos en campos de batalla, en botín de guerra, sometidos a tortura, hambre, pederastia, invisibilidad, trata, explotación laboral, cuerpos que son lugares teológicos, carne de Cristo.

Pero el cuerpo no es sólo cuerpo individual, sino también cuerpo social, clase, raza, cultura subalterna frete a la hegemónica que impone lo que es bello o lo que no, lo que es sujeto de derechos u objeto de explotación y de conquista. La reivindicación del cuerpo en la teología significa la valoración del pluralismo, de su diversidad, la salida de un universalismo abstracto que en realidad no es más que el universalismo masculino, blanco, y occidental, para entrar en la singularidad de cada ser humano, y situación. Significa también la superación del miedo a la sexualidad, a la afectividad y al placer y su reconocimiento como bendición de Dios.

También la tierra como cuerpo de Dios constituye un nuevo acento en la comprensión de los pobres como lugar teológico. La Madre tierra es un sujeto oprimido, expoliado, abusado, hasta el punto que el grito de la tierra es el grito de los y las pobres que nos reclaman con urgencia un cambio de rumbo, como nos recuerda Laudato Si. Todo está interconectado y es la misma mentalidad depredadora que mata la biodiversidad la que masacra pueblos y comunidades enteras generando la cultura del descarte. De ahí que un verdadero planteo ecológico tenga que ser necesariamente integral y estar vertebrado por la justicia (LS 49). La conversión a los pobres hoy no puede ser por tanto concebida si no es también desde una conversión a la tierra. Esta conversión implica pasar de una visión antropocéntrica del mundo a una visión ecocéntrica más amplia, una democracia cósmica, que sea capaz de incluir otras especies en el círculo de lo que consideramos religiosamente significativo. Para ello es necesario superar el dualismo jerárquico que divide en dos pisos la realidad primando el elemento espiritual sobre la materia y en consecuencia separando a Dios del mundo, de lo terreno, de lo concreto.

Convertirse a la tierra implica descubrir a un Dios dador de vida en y con la comunidad ecológica de especies que sostiene el fluir de la vida en toda su diversidad desde la creatividad y la sobreabundancia del Amor. La conversión ecológica significa enamorarse de la tierra como cuerpo de Dios, desarrollar una relación profunda con el dinamismo vital del cual es origen y comprometernos con él en su cuidado desde las vidas más amenazadas.

Otro sentir y acento emergente importante para resignificar el lugar teológico de los pobres es la diversidad y la interculturalidad. En la historia y más aún en la de la iglesia la diferencia ha estado vista bajo sospecha y amenaza, quizás como lastre heredado de una teología trinitaria más al servicio de un Dios todo poderoso y controlador que del Dios-Relación, comunidad de amor, que asume e integra diferencias sin asimilarlas, como nos revela Jesús en el encuentro con la mujer sirofenicia o la samaritana. Un Dios que rompe con todo exclusivismo religioso y cultural y al que se le rinde culto en espíritu en verdad, allí donde emerge la autenticidad, la transparencia, donde brilla lo más auténtico del ser humano, lo más hondo. Un Dios cuyo culto y adoración no está vinculado a un lugar físico o un espacio privilegiado sino más bien a una actitud indispensable, una posición existencial imprescindible: la honradez con lo real, la reverencia ante el misterio de proximidad en que se encarna y a hacerlo en espíritu y en verdad, lo cual es posible para cada ser humano, cada pueblo, y cultura de la tierra.

Por otro lado, la globalización y la movilidad humana nos desvelan una verdad que nos sigue costando reconocer y asumir: no somos hijos e hijas únicas ni nuestra cosmovisión es superior a otra. La identidad de un pueblo, una cultura, una religión no es una realidad estática sino dinámica y precisamente sólo en el diálogo y el tejido de las diferencias desde el entramado de la vida compartida se pueden desarrollar aspectos inéditos que las culturas, los pueblos y las espiritualidades y las personas portamos seminalmente (AD 11). Porque la diferencia es también algo que llevamos dentro. Es también lo que todavía no ha sido escuchado profundamente, mirado, acogido. Es una posibilidad por estrenarse en la danza de la vida entendida como relación e interdependencia. Por tanto la diversidad no es una amenaza para la comunión sino justo su condición. Dios es una realidad viva en el arco iris de la humanidad y del cosmos y no una verdad estática encerrada en un dogma.

Identificar a los pobres y las pobres hoy como lugar teológico desde este acento es una llamada urgente a superar el etnocentrismo, a creer que nuestra cultura y cosmovisión es el modelo, porque todas las culturas están llamadas a la conversión. Todas las culturas contienen elementos evangélicos y elementos diabólicos, es decir elementos que rompen la comunión, la fraternidad y la sororidad humana.

Por ello es necesario descolonizar la teología, la espiritualidad, la convivencia y la vida cristiana en general. Necesitamos vivir una fe más católica en el sentido más original del término, precisamente no más romana y occidentalizada, sino más intercultural. La interculturalidad es una forma de vida consciente en la que se va fraguando una toma de posición ética a favor de la convivencia con las diferencias, desde una mayor conciencia de igualdad y reciprocidad entre la diversidad de culturas, la interacción y comunicación simétrica, buscando diálogo entre iguales y sin jerarquizaciones previas. Su punto de arranque es por tanto la apertura a la pluralidad de textos y contextos considerados todos ellos como fuente de conocimiento y sabiduría.


Descolonizar la teología nos desafía hoy a:

-Repensar de nuevo la propia tradición a la luz del dialogo crítico con otras tradiciones renunciando a posturas dogmáticas

-Atrevernos a sospechar de las certezas prescritas y reconocer que la diversidad de culturas ofrecen visiones emancipadoras que son útiles en la búsqueda de nuevos modos de vida y que cada cultura tiene en si elementos valiosos que aportar y que aprender.

-Apostar por el conocimiento que emerge de las experiencias existenciales de las personas, colectivos y pueblos, es decir, reconocer y optar por sabidurías, lenguajes, símbolos que nacen del reverso de la historia y que desde la lógica del poder hegemónico se consideran periféricos, no oficiales, saberes y conocimientos compartidos que nacen del amor, la solidaridad, los sueños y las luchas comunes.

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[1] Carmina Navia, Sentires teológicos emergentes: retos para las teólogas, Franciscanum. Revista de las ciencias del espíritu, vol. LI, núm. 151, enero-junio, 2009, pp. 21-36 Universidad de San Buenaventura Bogotá,