martes, 18 de enero de 2011

DESCUBRO SABERES INVISIBLES.


Rodolfo Puiggrós

Retrato familiar de un intelectual militante

por Adriana Puiggrós, Taurus, 2010

Por Carlos A. Valle. (*)

“No resisto el deseo de volver a afirmar que la justicia social es posible. Que otros socialismos son posibles…” (p. 216) afirma con esperanzada convicción Adriana Puiggrós hacia final de su cálido retrato familiar en el que recrea las fundamentales convicciones y reiterados compromisos de su padre.

El recuerdo de Rodolfo Puiggrós se inicia con la dolorosa noticia de su muerte (1980) acentuado por el rechazo que provocó el virtual secuestro que cierto grupo de montoneros había realizado no solo de su persona, sino de su obra y de sus restos. Critica fuertemente a ese sector que insistía en la luchar armada y que había mandado a inocentes jóvenes a morir en su regreso al país. No obstante no oculta “Que la vía pacífica hacia el socialismo y hacía la liberación social resultaba completamente falsa era, sin duda, una de las certezas de mi padre.”(p.16)

Así puede entenderse su recorrido político y académico como el de un luchador que sabe aquello de: “quien no cambia todo no cambia nada” Porque, como Puiggrós le recriminó a la Federación Agraria por su contradictoria actuación “No basta estar descontento para ser revolucionario.” (p.87) Camino al que la autora le pone un paréntesis y reivindica los ideales que lo motivan aun cuando hay indicios de “vacilación” en el esperado triunfo universal del socialismo. (p.36)

Desde muy joven Puiggrós se afilia al Partido Comunista pero es expulsado en 1947, porque sostuvo que ese pueblo que había elegido a Perón – y que el Partido no había apoyado- es el que haría la revolución (p.187). Este es un paso que describe la profundidad de su “irredenta militancia” (p.91) porque “perder al Partido era en esa época como perder a la madre o ser echado de la casa paterna.”(p.191)

Su militancia va desde el anarquismo, el trabajo en el Movimiento Obrero Comunista (MOC) y hasta su prolongada relación con el peronismo (p.214) que culmina con su designación como Rector, en 1973, a la que bautizó como “Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires” (p.211). No obstante su valioso aporte intelectual junto, entre otros, a Arturo Jauretche y Jorge Abelardo Ramos como parece ser una constante en el movimiento peronista- no logró establecer “vínculos estables y orgánicos” y “menos aún para instalar una corriente de izquierda dentro del peronismo.” (p.209)

El trasfondo familiar con sus lazos emocionales, culturales y religiosos influye en la vida y pensamiento de las personas. Adriana Puiggrós –una muy destacada y reconocida pedagoga y actual diputada nacional- ha tenido la temeridad de bucear en la compleja historia de su familia de raíces catalanas y rusas Lo ha hecho no sin temor y temblor: “descubro saberes invisibles para mí antes de esta escritura, siento que me aproximé demasiado a alguna verdad y me retiro investigando acontecimientos…”(p.168)

Así su relato bucea entre los hondos mares de la penosa emigración, las diferencias sociales y culturales de la familia y, por momentos, procura descansar en la tranquila playa de los cariñosos recuerdos de la niñez, de los detalles de su barrio, de la ropa que acostumbraba usar su abuela materna. En un momento se detiene a indagar sobre dos hojas de la revista Para Ti que halla escondidas en el manuscrito de la única novela que escribiera su padre en la juventud. Como un curioso detective se solaza en imaginar posibles respuestas al enigma que pudieran encerrar los avisos comerciales y los precios de los artículos que se publicitan.

¿Es importante que se compartan tales recuerdos? O ¿deberían quedar en la intimidad del círculo afectivo? ¿Ayudan a proveer un retrato más genuino? Cuando se hurga en los rincones escondidos de las historias familiares siempre se tocan fibras íntimas, quizás ignoradas, que adquieren una dimensión desconocida y que apelan sin importar su trascendencia. Adriana Puiggrós ha sabido tejer con una madeja de hechos y circunstancias anecdóticos y trascendentes a partir de su retrato familiar puntos claves de la historia de nuestro país.

La historia de su familia concentra buena parte de sus reflexiones. Son llamativas las evocaciones de su anciana madre. ¿Cómo se trasmite el bagaje de la cultura del inmigrante? En el extranjero se vivencia la nostalgia de los lugares, los olores y las comidas. La lengua permanece como el inapreciable tesoro de los sentimientos y la identidad. Puiggrós nos comparte la dificultad que sus familiares tuvieron para trasmitir el propio idioma. Sugiere que debe provenir de “la decisión de fundar un olvido” (p.159), que atribuye a casi todas las comunidades inmigrantes por el deseo y la necesidad de integrarse a la comunidad que los ha recibido.

Es muy posible que así sea, pero resulta muy enigmático y misterioso ese deliberado olvido. “Probablemente les dolían los imborrables rastros de lo perdido, sentimiento del cual no está libre ningún exilado.” (p.160) que seguramente experimentó cuando dice: “Por esas cosas de la vida y de los exilios, yo no me siento ni rusa, ni catalana, sino, después de argentina, mexicana.”(p.161).

El tema del antisemitismo marca también esta historia, especialmente en los recuerdos que van del 1930 al 1960, fomentado por un catolicismo autoritario que se sentía dueño del pensamiento y la vida del pueblo argentino (p.82, 130,150). Una experiencia que también los protestantes experimentamos en esos años por ser considerados extranjeros y portadores de una religión ajena a la identidad nacional. “¡Puiggrós, vaya a la clase de Moral!” (p.183) también resonaba en nuestros oídos.

Muchas cosas han pasado y la historia no retrocede aunque produce quiebres, por eso la memoria debe hacerse presente. Este “retrato familiar de un intelectual militante” vivifica el recuerdo por la búsqueda de una comunidad justa y libre aunque teñido de sinsabores y frustraciones pero también cargado de lucha y tesón. Adriana encuentra una clave en el curioso final de la única novela de Rodolfo Puiggrós, “La locura de Nirvo”, donde, rompiendo las tradicionales reglas, deja al lector elegir un final entre diez propuestas. Allí podría leerse “el deseo de liberarse de la posesión de la ‘verdad’ y el reconocimiento del valor de la voluntad del ‘otro’.” (p.213)+ (PE)

(*) Carlos A Valle, pastor de la Iglesia Metodista Argentina.

Fuente: ApiaVirtual

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