domingo, 13 de octubre de 2013

Fundador de la T.L. afirma que la pobreza todavía es un gran desafío para la Iglesia.


Uno de los creadores de la Teología de la Liberación, el sacerdote dominicano radicado en Perú, Gustavo Gutiérrez, se ha mostrado bastante confiado en la reconciliación de esa corriente teológica, surgida en América Latina a mediados de los años 1970 con miras a una “Iglesia de los Pobres”, con los altos dignatarios del Vaticano. Señales claras de ese acercamiento surgieron de su audiencia reciente con el Papa Francisco. En entrevista con Mauro Castagnaro, de la revista italiana Jesús Italia, Gutiérrez afirmó que cuando el actual Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Don Gerhard Müller, se pronuncia favorablemente sobre sus escritos, su evaluación es que no habla sólo de las reflexiones de Gutiérrez, sino de las de la Teología de la Liberación como un todo, porque las posiciones de los teólogos son esencialmente las mismas.
Como no podría dejar de ser, el Papa Francisco también fue pauta en la entrevista. El cuestionamiento giró entorno de la opinión del teólogo sobre el deseo del Papa de que la Iglesia sea “una Iglesia pobre para los pobres”, y acerca de los desafíos que rondan al pontífice. Para Gutiérrez, el hecho es que el Papa ama a los pobres porque leyó el Evangelio y lo comprendió.
“Puede hasta ser que él conozca la teología de la liberación y, si ella le ayudó a aprovechar esa importante perspectiva cristiana, ¡mejor! Pero el desafío de los pobres está hace mucho tiempo presente en el horizonte de la Iglesia, si no, no se entendería el martirio que hemos experimentado en América Latina, empezando por obispos como Enrique Angelelli, en Argentina, Óscar Romero, en El Salvador, y Juan Gerardi, en Guatemala. Construir esa ‘Iglesia pobre para los pobres’ es una gran apuesta”, dijo.
El sacerdote afirmó también que decir que la pobreza es un gran desafío para la Iglesia implica hacer cambios. Por eso, en cada país, la Iglesia debe afirmar con mayor fuerza “la importancia de que las necesidades de los pobres sean la principal preocupación política”.
Cuando se le preguntó sobre su posicionamiento en relación con la reflexión cristiana a partir de cuestiones teológicas que abordan la mujer, el indio, el homosexual, entre otros, el sacerdote latinoamericano explica que a él siempre le pareció importante disponer de una noción general, que es la del “insignificante”, “pues es posible ser insignificante por falta de dinero, pero también por el color de la piel o por el hecho de hablar mal la lengua dominante en un país, como ocurre en Perú a la mitad indígena de la población”. El sacerdote agrega: “Cuando yo hablo de los ‘pobres’, sin embargo, no me refiero sólo a aquellos que tienen un ingreso bajo, sino también ‘a quienes no cuentan, no tienen peso social’, a quienes están marginados u olvidados”. En su libro’ Teología de la Liberación’ Gutiérrez abordó etnias y culturas despreciadas, y después de 1975 habló sobre la mujer, definiéndola como “doblemente oprimida, en tanto pobre y mujer”, pero en su momento no se profundizó en el asunto, lo que sí fue realizado por algunas teólogas.
Castagnaro preguntó a Gutiérrez sobre la afirmación del sacerdote brasilero Frei Betto, en el sentido de que en los últimos años, llegaron al poder en América Latina líderes vinculados a la “opción por los pobres” y a la Teología de la Liberación. Sobre esto, su posicionamiento es de desconfianza, pues a pesar de las convicciones y referencias religiosas de algunos políticos a la teología de la liberación, “¡no es un club o un partido político en el cual nos inscribimos! Por eso, yo no creo que pueda decirse que un presidente de una República esté ligado a ella”, sin embargo, Gutiérrez puntualiza que no tiene dudas de que la Iglesia latinoamericana en los últimos 40 años influenció mucho a la sociedad.
Otro punto abordado durante la entrevista fue el período en que el teólogo estuvo “en la mira del Vaticano” y cómo él vivió ese momento. Gutiérrez recordó cuán desagradable era saber que él era definido como alguien que se infiltró en la Iglesia para destruirla.”¡Que alguien diga que no está de acuerdo es normal, pero aquella acusación era alocada! La controversia, además de esto, tenía una fuerte dimensión mediática en Perú; en ella se involucraban obispos y personalidades políticas. Yo dialogué mucho, no convencí a nadie de mis posiciones, pero tal vez ellos se dieron cuenta de que aquello que creían sobre mí no era verdad”, explicó, recordando que siempre buscó saber el mérito de las críticas en su contra.
Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

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