viernes, 23 de junio de 2017

Por la igualdad y unidad de los pueblos.


por Benjamín Forcano, teólogo

En los tiempos que vivimos, nos toca vivir, pese a todas las imprevisiones y calamidades, utópicamente: soñar y luchar porque la Tierra sea UNA como lo es, que la humanidad sea UNA como lo es y que en esa Unidad nos encontremos todos: personas y pueblos.

Hace apenas 60 años, concluida la segunda guerra mundial, nos parecía que quedaban atrás vallas y fronteras que nos habían recluido en el ámbito de nuestra patria, alimentando el aislamiento, la desconfianza y la hostilidad.

Siendo para todos el mundo en que nacimos, lo convertimos demasiadas veces en islotes de ininterrumpida guerra. Guerra por una tierra que era de todos, guerra por unos bienes que los queríamos en exclusividad, guerra por una cultura que a todos queríamos imponer, guerra por un poder que no queríamos compartir, guerra por idolatrar una particular semejanza, que nos impedía reconocer la universal identidad.

Después de mucho combate y destrucción parece que terminamos por entender lo absurdo de un vivir en provocación y guerra permanente: el planeta tierra no era de nadie y sí era lo de todos.

Con las entrañas aún rotas y las lágrimas sin secar, una voz resonó en el recinto de las Naciones Unidas:

El desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la humanidad. Estas Naciones:

- Proclaman como la aspiración más elevada del hombre el poder disfrutar de la libertad de la palabra y de la libertad de conciencia.

-Reafirman su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, y en la igualdad de hombres y mujeres,

-Reconocen y promueven estos derechos y tratan de asegurar su reconocimiento y aplicación universales.

.Artículo 1: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

.Artículo 2: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades declarados en esta Declaración, sin distinción den raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

Parecía cerrado un ciclo de la historia. Por una vez la conciencia humana ratificó una verdad universal: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Pueblos, paisajes, culturas, lenguas y religiones confluían bajo una forma de ser común. Brillaban la dignidad y libertad de toda vida humana.

Y nos pusimos a caminar bajo la estrella que alumbraba un destino común. Hasta tal punto que nos encontramos comunicados y organizados globalmente: la Información, la Comunicación, la Tecnología, el Comercio, el Transporte, la Cultura, la Ciencia, la Economía, el Derecho y la Política nos llegaban entrelazados y confirmaban la identidad de un planeta y humanidad unidos

Sentimientos estos y expectativas de hace apenas unas decenas de años. Paradójicamente, casi sin advertirlo, fantasmas de antaño trataban de revivir urdiendo en la red inmensa de la globalización, una nueva hegemonía: minorías financieras y políticos racistas, desde un egoísmo absolutizado, se disponían a sostener imperios de explotación y dominación. Desconectados de los principios de la Carta de las Naciones Unidas pasaban a guiar y gestionar el destino de los pueblos.

Fenómeno que no dejaron de denunciar líderes científicos, sociales y religiosos de todo el mundo. “El predominio de la cultura del capital, escribe Leonardo Boff, con sus propósitos ligados al individualismo, a la acumulación ilimitada de bienes materiales y principalmente a la competición dejando de hecho escaso espacio para la cooperación, contaminó prácticamente a toda la humanidad, habitando una Casa Común”.

Lo mismo comenta en una entrevista, Ken Loach, el más importante de los cineastas británicos: “Después de 1945 en casi toda Europa, se extendió un sentir de deber social y solidaridad. Mi país, en concreto había sido devastado por las bombas y la gente entendía que la unidad era vital para combatir el fascismo. Pero, en 1980, llegó Margarita Thatcher y dijo que hay que cuidar de uno mismo e ignorar al vecino; que la competencia es más importante que la colaboración. Y destruyó el Estado del Bienestar, forzando con ello a millones de ciudadanos a vivir en la pobreza. Y desde entonces, la idea del bien común se ha ido destruyendo gradualmente.

La gente tiene un sentido del deber moral. Los políticos no. Gran Bretaña es el país que aplica los preceptos del neoliberalismo de forma más agresiva, desde que Thatcher puso en marcha la privatización de la industria y de los servicios públicos. Pero, hoy en día es la Unión Europea en su conjunto la que está impulsando soluciones que favorecen a las grandes corporaciones”.

Pepe Mujica, expresidente de Uruguay dijo en Roma hace unas semanas en el III Encuentro Mundial de Movimientos Populares: “El capitalismo inventó una civilización que está invadiendo toda la tierra, pero que no tiene gobierno, tiene un mecanismo impuesto por el mercado. Esta civilización sólo tiene un sello, el mercado. Es el que impone el grueso de las decisiones”.

Y el Papa Francisco en ese mismo encuentro dijo:

“Los descartados del sistema, Hombres y mujeres, ratificamos que la causa común y estructural de la crisis socioambiental, es la tiranía del dinero, es decir, el sistema capitalista imperante y una ideología que no respeta la dignidad humana. Una economía centrada en el dios dinero y no en la persona es el terrorismo fundamental contra la humanidad”.

Completando este cuadro, el sociólogo Zygmunnt Bauman, lo aclara desde su metáfora de la modernidad líquida. Según él, nuestra sociedad globalizada, posmoderna, proviene de una anterior sólida y consistente, encarnada en una serie de lealtades tradicionales, en unos derechos y obligaciones que ataban de pies y manos, que obstaculizaban el movimiento e impedían la iniciativa. “La situación actual, escribe, emergió de la disolución radical de aquellas amarras - acusadas justa o injustamente- de limitar la libertad individual, de elegir y de actuar”. Pero, esta disolución, es decir, esta exclusión de toda pauta y freno, de toda regulación, se dirigía hacia un nuevo blanco: la modernidad fluida, bajo cuyo influjo desintegrador, caían la familia, clase y el vecindario. Las pautas anteriores, eran reemplazadas con no menor rigidez por las pautas de la economía y del mercado. De modo que el individuo, desguarnecido de los marcos y pautas tradicionales, se encontraba solo, sin que le fuera dada de antemano la construcción de su labor y de su futuro. Dentro de esta descripción, ya en nuestro mismo tiempo, asistimos al derrumbe de la hospitalidad y de los derechos humanos. Como dice Kant, “Todos los humanos están sobre la tierra y todos, sin excepción, tiene derecho a estar en ella y visitar sus lugares y pueblos; la Tierra pertenece comunitariamente a todos”.

La hospitalidad es un derecho y un deber de todos

Y sobre los derechos humanos, que para Kant son “la niña de los ojos de Dios”, “Respetarlos hace nacer una comunidad de paz y seguridad que pone un fin definitivo a la infame beligerancia”.

Renegando de su tradición, hoy surge en Estados Unidos un presidente, Donald Trump, que no respeta las diferencias religiosas, que rechaza a la población musulmana y niega la hospitalidad a todo tipo de gente que acudía a ese país. La ola de odio que está creciendo en el mundo y las discriminaciones contra los refugiados e inmigrantes rechazados en Europa y Estados Unidos están destrozando el tejido social de la convivencia humana a nivel nacional e internacional.

La hospitalidad es un test para ver cuánto de humanismo, compasión y solidaridad existen en una sociedad. Detrás de cada refugiado para Europa y de cada inmigrante para USA hay un océano de sufrimiento y de angustia y también de esperanza de días mejores. El rechazo es particularmente humillante, pues les da la impresión de que no valen nada, de que ni siquiera son considerados humanos.

¿Por qué van los refugiados a Europa?

Porque los europeos estuvieron antes durante dos siglos en sus países, asumiendo el poder, imponiéndoles costumbres diferentes y explotando sus riquezas. Ahora, que están tan necesitados, son simplemente rechazados.

Ciertamente, compartimos la convivencia como dato esencial de nuestra naturaleza: nosotros no vivimos, convivimos; somos comunitarios, todos aprendemos unos de otros, todos hablamos y decidimos. Nadie puede sobreponerse a nadie, si abriga el principio de que toda vida humana es igual en dignidad, derechos y responsabilidades. Y quien pretenda considerarse superior por tener más, pervierte su natural modo de ser.

Convivir es ser capaz de acoger las diferencias, dejarlas ser y vivir con ellas. ¿Será verdad lo que decía Einstein que “es más fácil desintegrar un átomo que sacar un prejuicio de la cabeza de alguien? Lo será, pero se puede.

Todo ser humano, más que un extraño es un compañero, al que hay que ayudar a sentirse incluido y no excluido, ayudarlo haciendo que se sienta acogido por el trabajo y la convivencia.

Así las cosas, no es extraño que Leonardo Boff, coautor de la Carta de la Tierra, se vea obligado a constatar: “En la raíz de este sistema de violencia e es decir, una forma de organizar la sociedad y la relación con la naturaleza basada en la fuerza, la violencia y el sometimiento. Este paradigma privilegia la competencia a costa de la solidaridad. En vez de hacer de los ciudadanos socios, los hace rivales”.

Un hecho éste incontrovertible: a diario nos sentimos asaltados por la gravedad de conflictos, enemistades, guerras. Aquella luz de la posguerra, aurora de un futuro de justicia, de solidaridad y de paz, se apagó. Y hemos vuelto a revivir tragedias y sufrimientos inimaginables.

Ciertamente, hemos producido mucha más riqueza, mucho más conocimiento, mucha más tecnología, mucha más información y comunicación, muchos más adelantos para el transporte, la salud, la educación, el trabajo, nos mezclamos más y compartimos juntos idénticos problemas y, sin embargo, en medio de esa nube de mayor bienestar, las relaciones de unos pueblos con otros se han vuelto más hostiles, más predispuestas al rechazo y exclusión. ¿Qué nos ha pasado?

Como epílogo a mi respuesta, ofrezco un dato singular, que alumbra la entraña de la crisis.

El dato

Justo al poco tiempo de acabar la guerra, los vencedores como si nada grave hubiera ocurrido, y tuvieran el derecho de erigirse en dueños del mundo, venían a proclamar: “Poseemos cerca de la mitad de la riqueza mundial. Nuestra tarea principal consiste en el próximo período en diseñar sistemas de relaciones que nos permitan mantener esta posición de disparidad sin ningún detrimento para nuestros intereses” (George Kennan, jefe del grupo del Departamento de Estado de los Estados Unidos en 1945).

Y Albert J. Beverige, uno de los máximos exponentes de la ideología del “Destino manifiesto”, añadía:

“El destino nos ha trazado nuestra política; el comercio mundial debe ser y será nuestro. Lo adquiriremos como nuestra madre (Gran Bretaña) nos enseñó. Estableceremos despachos Comerciales en toda la superficie del mundo como centro de distribución de los productos norteamericanos. Cubriremos los océanos con nuestros barcos mercantes. Construiremos una flota a la medida de nuestra grandeza. De nuestros establecimientos comerciales saldrán grandes colonias que desplegarán nuestra bandera y traficarán con nosotros. Nuestras instituciones seguirán a nuestra bandera en alas del comercio. Y el orden americano, la civilización americana, la bandera americana se levantarán en lugares hasta ahora sepultados en la violencia y el oscurantismo”.

Y el senador Brown dejó escrito: “Manifiesto la necesidad en que estamos de tomar América Central pero si tenemos necesidad de ello, lo mejor que podemos hacer es obrar como amos, ir a esa tierra como señores”.

Y, como sello que denuncia la maldad de esta, recuerdo las palabras del superconocido y admirado estadounidense Noam Chomsky: “Cuando en nuestras posesiones, se cuestiona la quinta libertad

(la libertad de saquear y explotar) los Estados Unidos suelen recurrir a la subversión, al terror o a la agresión directa para restaurarla”.

Hoy, autores de la más diversa índole y valía confirman la verdad de los textos anteriores.

Cualquiera entiende que, subyacente a estas palabras, aparece la ideología del “destino manifiesto” de la excepcionalidad de Estados Unidos, siempre presente en los presidentes anteriores, inclusive en Obama. Es decir, Estados Unidos posee una misión única y divina en el mundo, la de llevar sus valores de derechos, de propiedad privada y de la democracia liberal al resto de la humanidad. Para él, el mundo no existe. Y si existe, es visto de forma negativa.

Misión singular, patrocinadora de toda arbitrariedad, que ha hecho suya el recién nombrado presidente Donald Trump en su discurso inaugural: “De hoy en adelante una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este momento Estados Unidos será lo primero. Juntos haremos que Estados Unidos vuelva a ser fuerte. Haremos que Estados Unidos sea próspero. Haremos que Estados Unidos vuelva a ser orgulloso. Haremos que Estados Unidos vuelva a ser seguro de nuevo. Y juntos haremos que Estados Unidos sea grande de nuevo”.

Ciertamente, hay y habrá otros imperialismos que el de EE.UU. Pero, los textos transcritos, manifiestan como el primero, y o más poderoso, determinante y peligroso para nuestros días, el de Estados Unidos.

Me ahorro tener que destacarlo yo, aun cuando a ello me lleve mi experiencia e itinerario por diversos países y revoluciones de Latinoamérica.

Dejo la palabra a Robert Bowman, piloto de cazas militares y que realizó 101 misiones de combate durante la guerra de Vietnam. Con ocasión de los bombardeos de Nairobi y de Dar es Salam, donde las embajadas norteamericanas fueron atacadas por el terrorismo, este piloto escribió una carta al presidente Clinton. Después se hizo sacerdote y ahora obispo de Melborne Beach- Florida. Dice:

''Ud. ha dicho que somos blanco de ataques porque defendemos la democracia, la libertad, los derechos humanos. ¡Qué broma!

Somos blanco de terroristas porque en gran parte del mundo nuestro gobierno defiende la dictadura, la esclavitud, la explotación humana. Somos blanco de los terroristas porque nos odian. Y nos odian porque nuestro gobierno hace cosas odiosas.

¡En cuántos países agentes de nuestro gobierno destituyeron líderes escogidos por el pueblo, cambiándolos por dictaduras militares fantoches, deseosas de vender su pueblo a las sociedades multinacionales norteamericanas!

Hicimos eso en Irán cuando los artilleros navales norteamericanos y la CIA destituyeron a Mossadegh porque quería nacionalizar la industria del petróleo. Nosotros lo cambiamos por el Sha y armamos, formamos y pagamos su odiada guarda nacional Savak, que arrasó y cometió brutalidades contra el pueblo de Irán. Todo eso para proteger los intereses financieros de nuestras compañías petrolíferas. ¿Nos parecerá extraño que en Irán nos odien?

Lo mismo hicimos en Chile y en Vietnam. Más recientemente hemos intentado hacerlo en Irak. ¿Cuántas veces no lo hicimos en Nicaragua y en el resto de las “repúblicas bananas'' de América Latina? Muchas veces expulsamos líderes populares que querían repartir las riquezas de la tierra entre las personas que la trabajaban. Los sustituimos por tiranos criminales, para que vendiesen a su pueblo y para que la riqueza de la tierra fuese a la Domino Sugar, United Fruit Company, Folgers y Chiquita Banana.

País por país, nuestro gobierno se opuso a la democracia, sofocó la libertad y violó los derechos del ser humano. Ésta es la causa por la cual nos odian en todo el mundo. Ésta es la razón por la que somos blanco de los terroristas.

En vez de enviar a nuestros hijos e hijas por todo el mundo a matar árabes y obtener así el petróleo que hay bajo su tierra, deberíamos enviarlos a reconstruir su infraestructura, a beneficiarlos con agua potable y alimentar a los niños que están en peligro de morir de hambre.

En vez de entrenar terroristas y escuadrones de la muerte, deberíamos cerrar la Escuela de las Américas. En vez de patrocinar la rebelión, la desestabilización, el asesinato y el terror en el mundo entero, deberíamos abolir el actual formato de la CIA y dar dinero a las agencias de ayuda”.

La coyuntura que vivimos, con ser pervertida, ha estallado en la conciencia ciudadana, que ha experimentado crudamente la actuación del monstruo neoliberal, artífice de la prostitución del ser humano, de la mentira de su economía, del poderío que le confiere, de la retórica encubridora de su propaganda, orientado todo a sostener imperios racistas de explotación y dominación.

La convulsión social es tan fuerte que remueve las raíces del pasado, activa recónditos sentimientos de conciencia y reclama simplemente un modo humano de obrar: La prepotencia, el egoísmo y la avaricia son detestables y caen ante el deber de asegurar la dignidad y derechos de todos. Nadie, que sea humano, puede aspirar a realizarse a costa de los demás. Quien no respeta la dignidad de sí mismo, no puede respetar la dignidad de los demás, respeto que nos dicta la regla de oro universal: “Ama al prójimo como a ti mismo”, “Trata a los demás como tú deseas que los otros te traten a ti”.

Este alineamiento del yo con la ética racional y comunitaria es por donde comienza la construcción de una nueva sociedad, tal como establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todos los Pueblos y Naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las Instituciones, inspirándose en este ideal común, promuevan mediante la enseñanza y educación, el respeto a estos derechos y libertades” (Preámbulo de la Declaración).

Todo sistema, teoría o doctrina que pretenda establecer desigualdad éticojurídica entre los humanos es falsa. No hay sistema que justifique la división entre amos y esclavos, ricos y pobres, superiores e inferiores, primeros y últimos. La creación idolátrica del dios dinero nos lleva a construir una sociedad cada vez más cruel y escandalosa por su desigualdad.

A nivel internacional, el desafío es mucho más grave. Porque, aplicando la misma lógica que a nivel interindividual, ninguna nación puede prosperar a base de otra, haciendo praxis normal suya la política de invadir, explotar y dominar: “La Organización de las Naciones Unidas está basada en el principio de la igualdad soberana de todos sus miembros” (Cap. I, art. 2).

Las Naciones unidad deben tomar medidas para prevenir y asegurar la paz, evitar actos de agresión y lograr por medios pacíficos y de conformidad con la Justicia y el Derecho internacional la solución de las controversias (Cfr. Idem.)

La historia real nos muestra cómo se comportan las naciones con mayor poder en Europa, en Latinoamérica, África y en nuestro propio país. Todo cambiaría si cada Nación se limitara a ser lo que es, un país más, con autonomía y singularidad propia, regido por la Justicia y el Derecho internacional.

No lo han hecho, ni lo van a hacer. Por sí mismos, está más que demostrado, que no cumplen con sus obligaciones internacionales, no respetan muchos de los Tratados y Convenciones Internacionales, apoyan la invención constante de armas, son proveedores de ellas, entrenan a militares de otros Estados, provocan el terrorismo en lugar de combatirlo en sus causas, apoyan dictaduras o derrocan democracias cuando les conviene, aumentan y fortalecen sus numerosas bases en todo el mundo, tienen establecido el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, etc.

Todo cambiaría con que las Naciones Unidas lograran simplemente que, en este caso, Estados Unidos asumiera la obligación de respetar la soberanía, independencia y dignidad y libertad de todas las Naciones del mundo. Y no que sigan profesando que el Destino Manifiesto les ha predeterminado a extenderse e implantar su ley y civilización en todos los rincones del planeta Tierra, a las buenas o a las malas, a las malas casi siempre, poniendo en marcha la maquinaria de su ingente poder, como si fueran los dueños y señores de nuestra planeta.

Tenemos muchas tareas, muchos conflictos y problemas que resolver, pero ninguno de ellos alcanzará solución sin ética. Sin ética, la calidad de nuestras relaciones con la naturaleza y con nuestra casa común seguirá siendo destructivas. La ética nos libera y nos limita, y libera y limita el poder de Estados Unidos y de cualquier otro imperio.

Necesitamos una ética regeneradora de la Tierra, una ética del cuidado, como dice el teólogo Leonardo Boff, que respete sus ritmos y nos responsabilice colectivamente.

“Nunca, clama el papa Francisco en su encíclica Laudato Si, hemos maltratado y lastimado nuestra Casa Común, como en los dos últimos siglos…Estas situaciones provocan el gemido de la hermana Tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que requiere otro rumbo”.

Benjamín Forcano es teólogo

Fuente:alainet.org

jueves, 22 de junio de 2017

Putin y la Guerra Fría 2.0.


Germán Gorráiz López, analista

La irrupción mediática de Edward Snowden, ex-técnico de Booz Allen, sub-contrata de la CIA, confesando ser el autor material de las filtraciones a The New York Times y The Guardian sobre el programa PRISM (espionaje de las telecomunicaciones a cargo de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), habría desatado todas las alarmas en la CIA ante el peligro evidente de destapar los secretos inconfesables de los sótanos secretos del establishment. Putin habría jugado con maestría sus bazas y tras conceder a Snowden el asilo temporal, apareció ante el Mundo como adalid de la defensa de los Derechos Humano, aunque consciente de la nueva dinámica acción-reacción propia de escenarios de Guerra Fría en la que verán envueltas las relaciones ruso-estadounidenses a partir de este momento (Guerra Fría 2.0).

La guerra híbrida como elemento diferencial de la Guerra Fría 2.0

La nueva doctrina geoestratégica conocida como “Guerra Híbrida” sería atribuible al Jefe de Estado Mayor de las FF.AA. Rusas, Valery Gerasimov quien afirmó que “ cada vez es más frecuente que se dé prioridad a un uso conjunto de medidas de carácter no militar, políticas, económicas, informativas y de otro tipo que estarían sustentadas en la fuerza militar. Son los llamados métodos híbridos”, concepto que se habría puesto en práctica por primera vez con ocasión de las recientes Elecciones Presidenciales en EE.UU. Así, en la web de investigación “Mother Jones” apareció una versión reducida del informe de los servicios de inteligencia de EEUU en el que acusaban directamente al Gobierno de Putin de estar detrás de “supuestos ataques cibernéticos de hackers rusos para desequilibrar la campaña electoral de Hilary Clinton e inclinar la balanza a favor del supuesto submarino ruso, Donald Trump”.

Retorno a la Doctrina Bréznev

Putin habría restaurado la Doctrina Brézhnev (también llamada doctrina de la soberanía limitada), doctrina que instauró que “Rusia tiene derecho a intervenir (incluso militarmente) en asuntos internos de los países de su área de influencia” y conjugando hábilmente la ayuda a minorías étnicas rusas oprimidas (Crimea, Ossetia. Akjasia) ,el chantaje energético, la amenaza nuclear disuasoria, la intervención militar quirúrgica, la desestabilización de gobiernos vecinos “non gratos” y el ahogamiento de la oposición política interna, procederá a situar bajo su órbita a la mayoría de los países desgajados de la extinta URSS integrados en la futura Unión Euro-Asiática como alternativa económica y militar al proyecto de Obama de crear una Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de EEUU en su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico. Asimismo, Putin estableció como prioridad tras su primer nombramiento como Presidente en el año 2000, la Modernización de las Fuerzas Armadas, Infraestructuras de Transporte y Energéticas y el Desarrollo de Nuevas Tecnologías,(aeroespacial; robótica; bio-medicina; bio-combustibles y nano-tecnología) aprovechando la exuberante liquidez proporcionada por los ingresos del petróleo y con un presupuesto hasta el 2020 que alcanzaría la cifra ionosférica de 410.000 millones de euros.


Conferencia de Ginebra y partición de Siria y Ucrania

La nueva geopolítica rusa en Oriente Próximo pasaría pues por un decidido apoyo al régimen sirio de Al-Assad y a Irán con el objetivo de fijar su posición como colaborador ineludible en la búsqueda de un acuerdo global para todo el Oriente PROME y consciente de que jugaba con ventaja ante la incapacidad de EE UU y sus aliados europeos de marcar la iniciativa en los conflictos de Oriente Medio y Próximo (Egipto, Siria, Palestina e Irán), Putin aprovechó la gran oportunidad que se le presentó de recuperar la influencia internacional que Rusia había perdido en los últimos años. Así, la jugada maestra de Putin convenciendo a Assad para que entregue todo su arsenal de armas químicas y el escaso apoyo internacional recibido por Obama para iniciar su operación militar contra Siria, forzará a las partes implicadas a una nueva Conferencia de Ginebra que levantará acta de la división “de facto” de Siria en tres partes ( rememorando la Guerra de Laos y los Acuerdos de Ginebra de 1.954 con Jruschov).

Así, tendremos la Siria alawita, protectorado ruso que abarcaría desde la costa mediterránea hasta Alepo, el Kurdistán sirio tutelado por EEUU y la zona sunita del sur sirio que se englobaría en el nuevo Sunistán sirio-iraquí. con lo que la crisis siria se limitaría de momento a una puesta en escena en la que los actores participantes usarán el escenario sirio como banco de pruebas para un posterior conflicto a gran escala que englobará a Israel y Egipto y que podría reeditar la Guerra de los Seis Días en el horizonte del próximo quinquenio. Como contrapartida, asistiremos a la división de Ucrania en dos mitades casi simétricas y separadas por el meridiano 32 Este, quedando el Sur y Este del país (incluida Crimea) bajo la órbita rusa mientras el Centro y Oeste de la actual Ucrania navegarán tras la estela de la UE, episodio que significará “de facto” el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría Rusia-EEUU.

¿Nueva Guerra en Oriente Medio?

El Plan Biden-Gelb, aprobado por el Senado de EEUU en el 2007 y rechazado por Condolezza Rice, Secretaria de Estado con George W. Bush, preveía la instauración en Irak de un sistema federal con el fin de evitar el colapso en el país tras la retirada de las tropas estadounidenses y proponía separar Irak en entidades kurdas, chiíes y sunitas, bajo un gobierno federal en Bagdad encargado del cuidado de las fronteras y de la administración de los ingresos por el petróleo. Así, asistiremos a la aparición del Kurdistán Libre presidido por Masoud Barzani con capital en Kirkust y que incluiría zonas anexionadas aprovechando el vacío de poder dejado por el Ejército iraquí como Sinkar o Rabia en la provincia de Ninive, Kirkuk y Diyala así como todas las ciudades de etnia kurda de Siria (excepto Hasaka y Qamishli) ocupadas por la insurgencia kurda del BDP.

El nuevo Kurdistán contará con las bendiciones de EEUU y dispondrá de autonomía financiera al poseer el 20% de las explotaciones del total del crudo iraquí con la “conditio sine qua non” de abastecer a Turquía, Israel y Europa Oriental del petróleo kurdo a través del oleoducto de Kirkust que desemboca en el puerto turco de Ceyhan . De otra parte, el Sunistán con capital en Mosul y que abarcaría las ciudades suníes de Ramadi, Faluya, Mosul, Tal Afar y Baquba ( triángulo suní), con fuertes conexiones con Arabia Saudí y Emiratos Árabes y que derivará posteriormente hacia un radical movimiento panislamista que utilizará el arma del petróleo para estrangular las economías occidentales en el horizonte del próximo quinquenio. Finalmente, como tercera pata del trípode, tendríamos al Irak chíi con capital en Bagdad que ejercerá de contrapeso al wahabismo saudí y que gravitará en la órbita de influencia de Irán, lo que aunado con el previsible acuerdo iraní en el contencioso nuclear con EEUU, convertirá a Irán en gran potencia regional en clara pugna con Arabia Saudí e Israel.

Sin embargo, tras la aprobación por el Congreso y Senado de EEUU de una declaración preparada por el senador republicano Lindsey Graham y el democráta Robert Menéndez que señala con rotundidad que “si Israel se ve obligado a defenderse y emprender una acción (contra Irán), EEUU estará a su lado para apoyarlo de forma militar y diplomáticamente”, asistiremos al aumento de la presión del lobby pro-israelí de EEUU ( AIPAC) para proceder a la desestabilización de Siria e Irán por métodos expeditivos en la etapa post-Obama. Dicha guerra será un nuevo episodio local que se enmarcaría en el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría EEUU-Rusia e involucrará a ambas superpotencias teniendo como colabores necesarios a las potencias regionales (Israel, Egipto, Arabia Saudí e Irán), abarcando el espacio geográfico que se extiende desde el arco mediterráneo (Libia , Siria y Líbano) hasta Yemen y Somalia y teniendo a Irak como epicentro ( rememorando la Guerra de Vietnam con Lindon B. Johnson (1963-1.969).

Dicho enfrentamiento será aprovechada por EEUU, Gran Bretaña e Israel para proceder a rediseñar la cartografía del puzzle inconexo formado por dichos países y así lograr unas fronteras estratégicamente ventajosas para Israel, siguiendo el plan orquestado hace 60 años de forma conjunta por los gobiernos de Gran Bretaña, Estados Unidos e Israel y que contaría con el respaldo de los principales aliados occidentales (Gran Israel).

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ-Analista

miércoles, 21 de junio de 2017

La negación del feminismo, ¡¿qué está pasando?!

Cartel pro feminismo.


Algo se ha vuelto a agitar en las avenidas del feminismo. Y no me refiero a las manifestaciones contra el impune asesinato de mujeres y contra modos aún más sutiles de la violencia que todas habitamos, o contra la desigualdad económica y la precarización del trabajo. Ante ese espanto importa seguirse rebelando. Pero la agitación a la que me refiero no es esa sino esta otra: la negación del feminismo entre las mujeres que ocupan hoy lugares de privilegio. Las que defienden con descaro un ‘antisemitismo’ que niega el problema de género y las que, más enmascaradas y subrepticias y también más contemporáneas, asumen un feminismo desteñido que ya nada se parece al movimiento originario.

POR LINA MERUANE


Ese falso feminismo —ese seudo-feminismo— aparece ahora que tantas pueden optar a una educación universitaria. Ahora que más mujeres consiguen trabajos dignos en vez de alienantes. Ahora que pueden encontrar parejas que las respetan y que están dispuestas a compartirlo todo como iguales. Insisto: no es que no haya asuntos urgentes por resolver (porque nada está bien para una inmensa mayoría de mujeres, son multitud las que viven vulneradas entre nosotras); lo que digo es que hay más mujeres con privilegios hoy. Y por más que sea relativa esta categoría, la del privilegio, por más que cunda en ciertas ciudades, en ciertas clases, entre ciertas profesionales, por más que esas mejoras sean siempre relativas han hecho cundir la idea de que “todo está bien” y la perversa pregunta: “de qué nos quejamos hoy”.

¿Qué ha pasado? ¿Nos creímos que la situación personal de mejora es la realidad de todas? ¿Privatizamos nuestros conflictos y los resolvimos como pudimos puertas adentro? ¿Nos cansamos de pelear una vez solucionadas nuestras propias dificultades? ¿Se nos olvidó que otras lucharon por los derechos que adquirimos, y que hace falta pelear por quienes aún no los han conseguido? ¿Se nos acabó el combustible de la solidaridad?

Es esto lo que acusa, sin tanta pregunta retórica, con extraordinaria agudeza y escasa clemencia, un ensayo de lo más puntudo que he leído en mucho tiempo. Las colegas feministas, las feministas-de-tomo-y-lomo entre las que me cuento, van a levantar las cejas cuando lean, en la próxima línea, que ese libro se titula Why I am not a feminist (Por qué no soy feminista). Y no me sorprendería que las levantaran —las cejas y las pancartas, los puños, los signos mentales de exclamación—, porque muchas antifeministas del pasado han usado esa misma frase para anunciar su desafiliación de la causa.


El problema, según lo plantea Jessa Crispin en su potente manifiesto antifeminista (o más bien, anti-ciertos-devenires-del-feminismo-occidental), no es que las mujeres estén descartando el título feminista. En rigor, en su mayoría, lo están abrazando con un extraño entusiasmo. Se trata, sin embargo, de un abrazo traicionero: lo que asumen como feminismo no es ya lo que el movimiento había sido, una causa insolente, un ideario radical. Es este el abrazo a un falso feminismo, ese que buscó hacerse universalmente aceptable, ese que para reclutar multitudes hizo toda clase de concesiones, rechazó la lucha, alienó a las pensadoras más punzantes y a las quemadoras de sostenes. Uno que agachó tanto el moño que ya no consigue despeinar a nadie. Se volvió completamente banal. Mera comodificación. Es por eso que pudo ponerse “de moda” ser feminista.

Qué fácil parece ahora considerarse feminista, dice Crispin (yo la traduzco). Ese feminismo cool (y de cool lo tildo yo, por feminismo fresco, por feminismo sin ardor) no exige renunciar a ningún privilegio, no requiere compartirlo, no le pide a las mujeres hacerse responsables de sus actos. Es más: cualquier decisión femenina, por mezquina que sea, por más injusta, por más explotadora, por más frívola, por más conservadora, se vende como una decisión feminista. Como un acto de merecida liberación. Ser feminista desde esa clave implica aprovechar la realidad histórica de la víctima como escudo ante toda crítica. Significa usar la desigualdad de todas para obtener la igualdad de apenas unas pocas. Es justificar cualquier forma de empoderamiento, cualquier mejora de la propia vida, aun cuando esta implique pisotear las de quienes están por debajo, hombres o mujeres, pobres, marginales, discriminados, inmigrantes.

Y peor, murmura Crispin con justificada amargura: escindidas del debido deber social y de toda conciencia política, demasiadas mujeres aplauden a otras cuando logran posiciones de poder históricamente masculinos (sin atender a las concesiones que han hecho para estar ahí, y quedarse), o cuando alcanzan una situación económica (sin reconocer el modo en que han explotado a otros), o cuando se hacen célebres (sin examinar qué han hecho a lo largo de sus carrera por apoyar a otras en el ascenso). La problemática medida de este feminismo es el cómo me va a mí por encima del cómo nos va a todas y a todos. Y es ese el punto más urgente de la crispada invectiva: ese seudo-feminismo que transó la lucha colectiva, se olvidó de la desigualdad de clase y la discriminación racial, se vendió a los valores del capitalismo. Puso su atención en un éxito privado que se mide en signo peso y que devalúa los afectos, la compasión, la solidaridad, el “vivir juntos” en comunidad.

En esa agitación, Crispin habla de reponer en el horizonte de nuestras preocupaciones e interrogantes un compromiso con los demás. Llama a pensar cómo transformar la realidad desde sus fundamentos en vez de conformarnos con una mejora cosmética por acá y otra por allá. Porque no se trata solo de salir a la calle con pancartas ni solo protestar cómodamente desde un sillón, apretando una tecla; se trata de examinar cómo cada uno de nuestros actos puede contribuir concretamente a mejorar la vida de quienes tenemos alrededor y de implementar valores solidarios en vez de simplemente repetir los mecanismos de competencia y los modelos de éxito que el sistema nos ofrece, para cooptarnos. Hay que poner a funcionar nuestra capacidad de respuesta, dice Crispin. Hay que recuperar nuestra imaginación propositiva, digo yo. Se llame o no se llame “feminista”.

Fuente: elasombrario

martes, 20 de junio de 2017

El papel de la mujer en la sociedad.


Laila Sant


Es difícil subrayar tanto como merece la importancia que tiene la incorporación de la mujer a todas las esferas sociales para avanzar hacia una sociedad donde las relaciones humanas estén caracterizadas por la cooperación, la reciprocidad y el apoyo mutuo. La esfera de la gobernanza es quizá uno de los ámbitos más importantes donde este fenómeno habría de darse para lograr un progreso significativo.


La incorporación de la mujer


Es un hecho consabido que la mujer ha estado históricamente excluida de la vida pública y, a pesar de que durante las últimas décadas su incorporación se ha promovido desde muchos frentes y de que se han creado mecanismos para acelerarla, esta incorporación aún es insuficiente.


A modo de ejemplo, en el ámbito laboral, según la OIT, a escala mundial, la participación de las mujeres en el mercado laboral es de 27 puntos porcentuales menor que la de los hombres. También la OCDE informa que la media, a nivel mundial, de las mujeres que realizan trabajos no remunerados es de 4,5 horas diarias; más del doble que los hombres. Cuando el tiempo de trabajo no remunerado de la mujer se reduce a alrededor de 3 horas diarias, su participación en el mundo laboral aumenta un 20 por ciento. En el ámbito político, a fecha de junio de 2016, sólo un 22,8 por ciento de los parlamentarios nacionales eran mujeres, según ONU Mujeres.


Existen dos aspectos de la incorporación de la mujer que merecen ser destacados relacionados con la gobernanza: el propósito y repercusiones de la incorporación de la mujer a las estructuras y mecanismos de la gobernanza, y su presencia en los espacios de toma de decisiones.


Algunas corrientes feministas destacan la diferencia entre la incorporación de la mujer a espacios otrora dominados por los hombres y la adopción de ciertos comportamientos masculinos para estar en esos espacios. Sírvannos de ejemplo la política y la economía. En ambas esferas sociales el domino masculino ha hecho que la competición, la fuerza, el individualismo, la agresividad del carácter e incluso la insensibilidad caractericen el desempeño de funciones políticas y económicas.


En cierto sentido, acceder a esos espacios pasa por adoptar esas mismas cualidades y comportamientos. Las mujeres, por tanto, para poder acceder, también han tenido que desarrollarlas. Pero ¿qué ocurre cuando esas mismas cualidades y principios rectores del comportamiento se tornan insuficientes para afrontar los desafíos de gobernanza de una sociedad compleja, global e interconectada? Es aquí donde los análisis del comportamiento histórico de las mujeres cobran mayor sentido.


Cualidades y principios característicos de las mujeres


Ya sea por diferencias biológicas o por un larguísimo proceso de socialización desde los primeros grupos humanos hasta nuestros días, parece que las mujeres han desarrollado más la empatía, la capacidad de llegar a consensos, de trabajar en equipo y de utilizar el poder de maneras cooperativas. También han logrado desarrollar otras formas de racionalidad y de inteligencia que van más allá de la simple búsqueda instrumental de beneficios y de minimización de pérdidas, teniendo en cuenta otros aspectos más sutiles pero fundamentales y percatándose de otras sensibilidades, aspectos sumamente necesarios para lograr el bien común.


Estudios realizados avalan la correlación entre la igualdad de género y el avance económico, social y político. El acceso de mujeres a la fase de producción agrícola parece estar vinculado al aumento la productividad de hasta un treinta por ciento, así como la reducción de la pobreza en la zona. Según ONU Mujeres, el liderazgo de las mujeres en los procesos políticos y de toma de decisiones mejora dichos procesos, ya que procuran trabajar de forma inclusiva en las propias filas de los partidos políticos y tienden a la defensa de cuestiones de relevancia social, como son la igualdad de género, la eliminación de la violencia de género o la cobertura del cuidado infantil.


Esas cualidades y principios, parecen corresponderse con los cambios en los principios organizativos que la política debía experimentar para adaptarse a un mundo entrelazado y global. La línea que se desprende de todo esto entonces es doble: el acceso de la mujer a todos los espacios sociales y la difusión de ciertas cualidades vitales históricamente relacionadas con el comportamiento femenino.


El papel de la mujer en el mantenimiento de la paz


Hasta la fecha, los espacios donde se tomaban las decisiones acerca de la pertinencia de hacer la guerra eran exclusivos de hombres. La tendencia parece haber cambiado un poco, aunque todavía el porcentaje de mujeres en ellos es minúsculo.


Si los planteamientos anteriores son ciertos, y si se tiene en cuenta que la mujer históricamente ha desempeñado un papel más destacado en la educación de las nuevas generaciones que los hombres, la utilización de medios diplomáticos y pacíficos en los conflictos sociales se incrementaría sustancialmente con la incorporación de las mujeres a esos procesos. Tanto por sus capacidades de llegar a consensos, de cooperar, de trabajar en equipo, de mirar la realidad holísticamente, como por la mayor sensibilidad que ha podido suscitar el hecho de ser madre, la mujer puede tener un papel singular en el establecimiento de la paz.


Un claro ejemplo del papel destacado que tiene la mujer en los procesos de paz es la Resolución 1325/2000 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde se establece el mandato de participación de las mujeres en la construcción de la paz. Según ONU Mujeres, la participación de mujeres en los procesos de paz está íntimamente relacionado con la resolución de los conflictos, así como la duración en el tiempo de los acuerdos alcanzados, aumentando hasta un 20% la probabilidad de la continuidad de la misma en los primeros dos años.


Incorporación de la mujer en espacios de poder


Un último comentario sobre la incorporación de la mujer a todas las esferas de la vida social y, en particular, a los espacios que tradicionalmente se asocian con el poder. La sociedad en que vivimos enfrenta muchos desafíos, uno de los cuales y de los más sobresalientes, sin duda, es su gobernanza. Por ello, la incorporación en plenitud de la mujer a la vida social, política y económica, vendría bien que se viera desde la óptica de estar en igualdad de condiciones con el hombre para trabajar en colaboración en pos de un mundo mejor para todos.


Los planteamientos divisorios a veces relacionados con los movimientos de emancipación de las mujeres o con los programas de empoderamiento femeninos no tienen cabida. Crear una sociedad global, unida, pacífica, justa y próspera exige que todos los segmentos de la sociedad –el 50% de la cual somos mujeres– puedan trabajar por ese fin.

lunes, 19 de junio de 2017

Alimentos, oasis de un éxodo rural latinoamericano no tan lejano.


Pequeña finca en una localidad del corazón árido de la provincia de Santiago del Estero, en el norte de Argentina. De ahí los hombres se ven forzados a migrar a las ciudades o irse como temporeros en regiones más fértiles, para huir de las sequías y la pobreza. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS


Este artículo forma parte de la cobertura especial de IPS por el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación, el 17 de junio

Por Fabiana Frayssinet

IPS, 20 de junio, 2017.- Pese a que América Latina y el Caribe concentran 12 por ciento de los suelos cultivables del planeta y un tercio de sus reservas de agua dulce, varios factores contribuyen a la degradación de sus suelos y al éxodo rural que compromete la seguridad alimentaria en un futuro ya no tan improbable.

Los datos y el alerta surgen de estudios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) cuando se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, el sábado 17, que este año pone énfasis en la migración rural como una de las consecuencias del aumento de los procesos de desertificación, la erosión de los suelos y la caída de las precipitaciones.

Durante los últimos 50 años, la superficie agrícola de la región aumentó de 561 a 741 millones de hectáreas, con una mayor expansión en América del Sur que fue de 441 a 607 millones de hectáreas. Ese incremento trajo por lo general el uso intensivo de insumos, la degradación de suelos y el agua, la reducción de la biodiversidad y la deforestación.


“El ciclo vicioso a qué se refieren tiene así mucho que ver con el rezago histórico de las zonas rurales latinoamericanas, donde la vulnerabilidad ante fenómenos climáticos se suma a otros factores de vulnerabilidad que ‘empujan’ la gente a migrar, simplemente porque no hay oportunidades y porque lo que antes era su actividad principal, la agricultura, ya no les permite sobrevivir con dignidad”: André Saramago. 

Catorce por ciento de la degradación mundial de los suelos ocurre en esta región, siendo más grave en Mesoamérica, donde afecta a 26 por ciento de la tierra, mientras en América del Sur se sitúa en 14 por ciento.

“A medida que los suelos se degradan, la capacidad de producir alimentos se reduce, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria”, explicó Jorge Meza, oficial forestal de la FAO, desde su oficina regional en Santiago de Chile.

Según Meza la degradación de suelos, depende de factores como la gravedad y extensión de la degradación, la dureza de las condiciones climáticas, la situación económica de las poblaciones afectadas y el nivel de desarrollo nacional.

En ese sentido, explicó a IPS, la primera reacción de una población que intenta sobrevivir es intensificar la explotación ya excesiva de los recursos naturales más accesibles.

El segundo paso, añadió, es liquidar todo lo que posee como equipos, inclusive para encarar las necesidades monetarias para la educación, la salud o una crisis de alimentos.

“El tercero es el rápido aumento de la emigración rural: los varones adultos o los jóvenes de ambos sexos emigran por temporadas o durante años en busca de trabajo a otras regiones del país (especialmente a las ciudades) o al exterior. Estas estrategias de supervivencia suelen conllevar la ruptura de la comunidad y a veces de la familia”, completó sobre el pernicioso proceso.

“La perspectiva es que a medida que se incremente el cambio climático y no se mejore la resiliencia de las poblaciones rurales, sobre todo las que se encuentran en situación de vulnerabilidad, estas cifras se podrían incrementar de manera importante”, advirtió el experto regional.

Según la Comisión Económica para América Latina (Cepal), en la región hay cerca de 28,4 millones de migrantes internacionales que representan cerca de 4,8 por ciento de su población, de 599 millones de personas, según datos del informe construido con los censos nacionales.

América Central es el área que más contribuye a este número con cerca de 15 millones de migrantes que representan el 9,7 por ciento de su población (161 millones de personas).

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) define a los “migrantes ambientales” como las personas o grupos de ellas que se ven forzadas o eligen dejar sus poblaciones por los cambios repentinos o progresivos en el entorno que afectan sus modos de vida.

Pero según André Saramago, consultor de FAO para Desarrollo Territorrial Rural, la migración rural tiene una multiplicidad de causas como la pobreza, la falta de oportunidades y en algunos casos, como sucede en los países del llamado Triángulo Norte Centroamericano (Honduras, El Salvador y Guatemala) la violencia criminal.

A esos elementos se agrega ahora la vulnerabilidad de los hogares ante fenómenos climáticos, como sequías cada vez más intensas y frecuentes, comentó a IPS, también desde la oficina regional de la FAO.

“El ciclo vicioso a qué se refieren tiene así mucho que ver con el rezago histórico de las zonas rurales latinoamericanas, donde la vulnerabilidad ante fenómenos climáticos se suma a otros factores de vulnerabilidad que ‘empujan’ la gente a migrar, simplemente porque no hay oportunidades y porque lo que antes era su actividad principal, la agricultura, ya no les permite sobrevivir con dignidad”, sostuvo.

Para el experto, revertir ese fenómeno implica respuestas integrales en el sentido de administrar las tierras de manera sostenible, de evitar la degradación y de promover su recuperación, aunque no sería suficiente para reducir la presión migratoria.

“Es fundamental generar inversiones estratégicas en las zonas rurales en el sentido de generar bienes públicos que permitan a los agricultores, principalmente los agricultores familiares, superar sus limitaciones históricas”, adujo.

Esas son las herramientas, planteó, “para lograr revertir el ciclo vicioso es fundamental recuperar y repensar el concepto de desarrollo rural territorial, donde la construcción participativa de políticas y la capacidad de abordar el problema de forma multidisciplinar y multisectorial es clave”.

Una de esas acciones, explicó Meza por su parte, es mejorar la administración y distribución del recursos de agua. En las últimas tres décadas la extracción de agua se ha duplicado en la región con un ritmo muy superior al mundial. El sector agrícola y especialmente la agricultura de riego representa 70 por ciento de las extracciones.

“Desde la perspectiva social, la pobreza rural se refleja también en la falta de acceso a los recursos tierra y agua. Los agricultores pobres tienen un menor acceso a la tierra y al agua, trabajando suelos de mala calidad y con una alta vulnerabilidad a la degradación. Un 40 por ciento de las tierras más degradadas del mundo están en zonas con elevadas tasas de pobreza”, indicó.

El experto explicó que existen numerosas experiencias que integran producción y conservación de la biodiversidad, en particular, sistemas agroalimentarios indígenas y tradicionales de producción, agricultura familiar, conservación de la agro-biodiversidad, así como manejo de recursos compartidos y protección de recursos naturales, que aportan una metodología y sistematización de prácticas y enfoques.

Norberto Ovando, presidente de la Asociación de Amigos de Parques Nacionales de Argentina y miembro de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas, relató a IPS algunas de esas experiencias en su país, donde 70 por ciento del territorio está sujeto a desertificación.

Argentina ocupa más de 80 por ciento de su territorio en actividades agrícolas, ganaderas y forestales. La erosión es más aguda y crítica en zonas áridas y semiáridas que componen las dos terceras partes del territorio, allí donde la pérdida de productividad se traduce en el deterioro de las condiciones de vida y expulsión de la población.

“Actualmente muchos agricultores en el mundo y en Argentina están aplicando el sistema de riego por goteo, que debería generalizarse en todo el mundo y que los gobiernos deberán tenerlo como política de estado, ayudando con préstamos blandos a los agricultores para su instalación. Mediante este sistema se consiguen ahorros de hasta un 50 por ciento del agua, en comparación con el sistema tradicional”, ilustró el consultor ambiental.

También consideró que se debe popularizar el sistema de producción de alimentos limpios, muy variados y productivos que se le conoce como “sistemas de policultivos agro-acuícola-ganaderos integrados”, actualmente difundido en Asia.

Pero para Ovando lo fundamental es la instauración de “políticas públicas que promuevan el apoyo a la agricultura familiar y fortalezcan el empleo rural”.

“Se podría afirmar que en América Latina y el Caribe el hambre no es un problema de producción, sino de acceso a alimentos. Por esto la seguridad alimentaria está relacionada a la superación de la pobreza y la desigualdad”, dijo.

“Es indispensable una gestión eficaz de la migración por causas ambientales para garantizar la seguridad humana, la salud y el bienestar y para facilitar el desarrollo sostenible”, concluyó.

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Editado por Estrella Gutiérrez
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IMPORTANTE: Esta nota ha sido reproducida previo acuerdo con la agencia de noticias IPS. En este sentido está prohibida su reproducción salvo acuerdo directo con la agencia IPS. Para este efecto dirigirse a: ventas@ipslatam.net

viernes, 16 de junio de 2017

Megafusiones agrícolas: quién decidirá lo que comemos.

Imagen: Tami Canal

Por Silvia Ribeiro*

ALAI, 15 de junio, 2017.- Definitivamente, el futuro de la alimentación no es lo que era. Al menos en lo que agricultura industrial se refiere. Monsanto, el villano más conocido de la agricultura transgénica, podría pronto desaparecer del escenario con ese nombre, si se autoriza su compra por parte de Bayer –aunque sus intenciones serán las mismas. Las fusiones Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow siguen también bajo escrutinio de las autoridades anti-monopolio en muchos países. Si se concretan, las tres empresas resultantes controlarán 60 por ciento del mercado mundial de semillas comerciales (incluyendo casi 100 por ciento de semillas transgénicas) y 71 por ciento de los agrotóxicos a nivel global, niveles de concentración que superan ampliamente las reglas antimonopolio de cualquier país.

Estas megafusiones tendrán muchas repercusiones negativas a corto plazo: aumento notable de precios de insumos agrícolas, más disminución de innovación y de variedades a disposición del mercado, mayores limitaciones al fitomejoramiento público y aumento de agrotóxicos en los campos 

Estas megafusiones tendrán muchas repercusiones negativas a corto plazo: aumento notable de precios de insumos agrícolas, más disminución de innovación y de variedades a disposición del mercado, mayores limitaciones al fitomejoramiento público y aumento de agrotóxicos en los campos —y por tanto en alimentos;para poder seguir vendiendo semillas transgénicas, aunque hayan provocado resistencia en decenas de plantas invasoras y haya que subir dosis y agregar mezclas con agroquímicos aún más tóxicos. Para esas empresas, su mayor negocio es vender veneno, o sea que si no se lo impiden, este será el curso de acción.

Las fusiones tendrán también fuertes impactos sobre las economías campesinas y de agricultores familiares, aunque estos en su mayoría usan sus propias semillas y pocos o ningún insumo químico, porque el poder de presión de estas megaempresas frente a gobiernos e instancias internacionales aumentará con su tamaño y por monopolizar los primeros eslabones de la cadena agroalimentaria. Aumentarán la presión para obtener leyes de propiedad intelectual más restrictivas; para restringir o ilegalizar los intercambios de semillas entre campesinos —por ejemplo con normas “fitosanitarias” y obligación de usar semillas registradas—; para que los programas para el campo y los créditos agrícolas sean condicionados al uso de sus insumos y semillas patentadas; para que los gastos en infraestructura y otras políticas agrícolas beneficien a la agricultura industrial y desplacen a los campesinos.

Lo que está en juego a mediano plazo es quién controlará los 400,000 millones de dólares (mdd) de todos los insumos agrícolas 

Como si no fuera suficiente, hay otros factores muy preocupantes. La ronda de fusiones no finalizará con esos movimientos, sino que apenas empieza. Lo que está en juego a mediano plazo es quién controlará los 400,000 millones de dólares (mdd) de todos los insumos agrícolas. Actualmente, el valor conjunto del mercado comercial global de semillas y agrotóxicos es de 97,000 mdd. El resto, tres veces mayor, está controlado por empresas de maquinaria y fertilizantes, que también se están consolidando. Las cuatro empresas de maquinaria más grandes (John Deere, CNH, AGCO, Kubota) ya controlan el 54 por ciento de ese sector.

El sector maquinaria ya no son simples tractores: han adquirido un alto grado de automatización, integrando GPS y sensores agrícolas a sus máquinas, drones para riego y fumigación, tractores no tripulados, así como un acúmulo masivo de datos satelitales sobre suelos y clima. A su vez, Monsanto y compañía, las seis grandes “gigantes genéticas”, también se han digitalizado y controlan una enorme base de datos genómicos de cultivos, microorganismos y plantas de agro-ecosistemas, además de otras bases de datos relacionados.

Ya existen entre ambos sectores contratos de colaboración y hasta empresas compartidas para la venta de datos climáticos y seguros agrícolas. Monsanto, por ejemplo, adquirió en 2012 la empresa Precision Planting, de instrumentos y sistemas de monitoreo para “agricultura de precisión”, desde siembra a riego y administración de agroquímicos. En 2013, compró The Climate Corporation, para registro y venta de datos climáticos. John Deere acordó posteriormente comprarPrecision Plantinga Monsanto, pero las oficinas antimonopolio de Estados Unidos y luego Brasil, objetaron la compra, por considerar que John Deere pasaría a controlar un porcentaje monopólico del sector. Aunque finalmente la venta se canceló en 2017, es una muestra de la tendencia. Existen varias otras empresas de base digital-instrumental (Precision Hawk, Raven, Sentera, Agribotix) compartidas o en colaboración entre las transnacionales de maquinaria agrícola con las de semillas-agrotóxicos. Ver al respecto el documento “Software contra Hardware” del grupo ETC (http://tinyurl.com/y9dnpano).

Todo indica que las grandes empresas de maquinaria se moverán para comprar a los gigantes genéticos, luego de finalizada la primera ronda de fusiones. Esta segunda ronda tiene el objetivo de imponer una agricultura altamente automatizada, con muy pocos trabajadores, que ofrecerá a los agricultores un paquete que no podrán rechazar 

Todo indica que las grandes empresas de maquinaria se moverán para comprar a los gigantes genéticos, luego de finalizada la primera ronda de fusiones. Esta segunda ronda tiene el objetivo de imponer una agricultura altamente automatizada, con muy pocos trabajadores, que ofrecerá a los agricultores un paquete que no podrán rechazar: desde qué semillas, insumos, maquinaria, datos genómicos y climáticos hasta qué seguros tendrá que comprar, además de que buscarán que se condicionen los créditos agrícolas a la adquisición de este nuevo paquete, así como ahora ya se hace con semillas y agroquímicos.

Es fundamental entender y denunciar los impactos de las megafusiones desde ya. Muchas organizaciones se han movilizado para protestar en Estados Unidos, Europa, China, y varios países de África y América Latina, incluso ante las oficinas anti-monopolio, lo que al menos ha retrasado su aprobación. De fondo se trata de impedir que los agronegocios se apropien de todo el campo y la alimentación, también una forma de proteger la producción campesina y agroecológica, la única forma para poder comer sano y para la soberanía alimentaria.
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*Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC www.etcgroup.org
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Fuente: Servindi

miércoles, 14 de junio de 2017

Corea del Norte ha estado 'ciberatacando' a gran parte del mundo desde 2009, según EE.UU.


Este miércoles, el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (DHS) y el FBI publicaron una alerta un tanto inusual, ya que están advirtiendo que Corea del Norte ha sido el responsable de diversos ataques cibernéticos desde 2009, y en los próximos meses dicha actividad podría aumentar.

Según las autoridades estadounidenses, Corea del Norte ha estado usando un ejercito de hackers conocido como 'Hidden Cobra', el cual se ha encargado de desplegar una gran cantidad de ataques dirigidos a medios de comunicación, entidades financieras, agencias aeroespaciales, así como sectores de infraestructura crítica, esto tanto en los Estados Unidos como en otros países del mundo.

La Cobra Oculta

Esta 'Alerta Técnica' emitida en conjunto por el DHS y el FBI contiene detalles y herramientas supuestamente usadas en los últimos ocho años por el gobierno de Kim Jong-un. Toda esta información busca servir para que los analistas responsables de la seguridad en entidades gubernamentales y empresariales estén atentos ante cualquier ataque.

Pero eso no es todo, los estadounidenses aseguran y advierten que el país asiático seguirá perpetrando ataques cibernéticos en contra de objetivos militares y estratégicos del gobierno de Trump. Entre las armas que Hidden Cobra está usando en sus operaciones se encuentran una amplia gama de botnets para ataques DDoS, keyloggers, así como herramientas de acceso remoto con variantes de malware.



Incluso se atreven a culpar a Corea del Norte de los recientes ataques como el caso del ransomware WannaCry, que puso en jaque a todo el mundo hace unas semanas. Aseguran que dentro de Hidden Cobra se pueden encontrar grupos específicos como 'Guardians of Peace' y 'Lazarus Group', siendo éste último a quien se le adjudicó el hackeo a Sony ocurrido a finales de 2014.

El informe apunta a que los ataques buscan explotar vulnerabilidades en viejas versiones de Windows, así como en Flash y Silverlight, algo que también puede estar relacionado con la reciente liberación de parches para Windows XP. A pesar de que estos ataques podrían no estar dirigidos a particulares, la agencias advierten que en los próximos días se presentarán ataques más agresivos, todo en preparación de algo "bastante significativo".

Fuente: xataka.com

Transgénicos y fundamentalismo neoliberal : la alternativa agroecológica al capitalismo global.


"Cualquier compromiso serio de alimentar al mundo de manera sostenible y equitativa debe desafiar el sistema globalizado de capitalismo que ha producido la desigualdad estructural y la pobreza; un sistema que promueve la marginación de las granjas a pequeña escala y sus sistemas de cultivo. Este sistema es responsable de los devastadores impactos de la especulación de los productos alimenticios".

Gran parte del argumento a favor de la agricultura transgénica se basa en tergiversaciones y ataques a quienes expresan sus preocupaciones sobre la tecnología y sus impactos. Estos ataques están diseñados en parte para agitar el sentimiento populista y denigrar a los críticos con el fin de que intereses corporativos puedan asegurar un mayor control sobre la agricultura. También sirven para desviar la atención de los problemas subyacentes relacionados con el hambre y la pobreza, y las soluciones genuinas, así como con el interés propio del propio lobby pro-OMG.

La base misma del sector agro-biotecnológico se basa en un fraude. El sector y el cartel transnacional de agronegocios a los que pertenece también han logrado captar con éxito sus propios intereses muchos organismos y políticas internacionales y nacionales, entre ellos la OMC, varios acuerdos comerciales, instituciones gubernamentales y reguladores. Del fraude a la duplicidad, no es de extrañar entonces que el sector está lleno de miedo y paranoia.

“Tienen miedo de morir”, dice Marion Nestle, profesora de nutrición, estudios alimentarios y de salud pública en la Universidad de Nueva York y autora de varios libros sobre política alimentaria. Y agrega: “Ellos defienden a sus negocios, para defenderlo, están atacando con la esperanza de que pueden neutralizar a los críticos… Es una industria paranoica y lo ha sido desde el principio”.

Guerra contra la razón:

Corporaciones globales como Monsanto están librando una guerra ideológica, no sólo contra sus críticos, sino también contra el público. Por ejemplo, considere que la mayoría del público británico y el público canadiense tienen preocupaciones válidas sobre alimentos transgénicos y no los quieren. Sin embargo, se encontró que el gobierno británico había estado tratando en secreto con la industria y con el gobierno canadiense, de suavizar la imagen que se tiene de estos alimentos, para que el público cambie su opinión sobre ellos.

En lugar de respetar la opinión pública y de servir al interés público mediante al pedir cuentas a las corporaciones poderosas, los funcionarios parecen estar más dispuestos a servir a los intereses del sector empresarial, independientemente de las genuinas preocupaciones que sobre alimentos transgénicos tenga la gente, preocupaciones que se basan en argumentos razonables, a pesar de que la industria no lo cree así.

El sector agroindustrial y de los agronegocios quiere expandir su influencia a nivel global, ya sea a través del despliegue de sus semillas transgénicos o de la expansión de un sistema de agricultura basada en los monocultivos, con el uso intensivo de químicos. Sin embargo, bajo la fachada superficial de trabajar en interés de la humanidad, este sector está impulsado por un fundamentalismo neoliberal que exige el atrincheramiento de la agricultura capitalista a través de la desregulación y del control corporativo de las semillas, la tierra, los fertilizantes, el agua, los pesticidas y el procesamiento de alimentos.

Si algo no le importa a la industria corporativa agroindustrial y de los agronegocios, contrariamente a la imagen pública que trata de transmitir, es la libre “elección de los consumidores”, “la democracia” o la “ciencia objetiva e independiente”. Tiene más que ver con socavar y degradar estos conceptos y desplazar los sistemas de producción existentes: las economías se “abren a través del desplazamiento concurrente de un sistema productivo preexistente. Las pequeñas y medianas empresas son empujadas a la bancarrota o están obligadas a producir para un distribuidor global, las empresas estatales son privatizadas o cerradas, los productores agrícolas independientes se empobrecen “(Michel Chossudovsky en The Globalization of Poverty).

Críticos apuñalan al corazón del neoliberalismo:

Los críticos están destacando no sólo cómo la industria ha subvertido y degradado la ciencia y se ha infiltrado en las instituciones públicas claves y en los organismos reguladores. Ellos también están mostrando cómo el comercio y la ayuda, se utilizan para subyugar a las diferentes regiones y al sector más productivo de la agricultura global: el agricultor, a las necesidades de las poderosas entidades comerciales.

Al hacer esto, los críticos apuñalan con fuerza los intereses corporativos y su agenda neoliberal.

De acuerdo a Eric Holt-Giménez:

El Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el Programa Mundial de Alimentos, el Desafío del Milenio, la Alianza para una Revolución Verde en África, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y algunos gigantes industriales como Yara Fertilizer, Cargill, Archer Daniels Midland, Syngenta, DuPont y Monsanto, tratan de evitar cuidadosamente las discusión sobre las causas de la crisis alimentaria. Las “soluciones” que prescriben están arraigadas en las mismas políticas y tecnologías que crearon el problema en primer lugar: aumento de la ayuda alimentaria, desregulación del comercio mundial de productos agrícolas, y algunas innovaciones tecnológicas como la modificación genética. Estas medidas sólo fortalecen el statu quo corporativo que controla la alimentación mundial… El futuro de nuestros sistemas alimentarios y de nuestros combustible se decide de facto por mercados globales no regulados, especuladores financieros y monopolios globales”.

La geopolítica de la alimentación y la agricultura ha desempeñado un papel importante en crear un déficit de alimentos en algunas regiones. Por ejemplo, la agricultura africana ha sido reformada para favorecer a los actores corporativos descritos en el extracto anterior. La Fundación Gates está encabezando las ambiciones de la “América Corporativa” y la lucha por el control de África por parte del agronegocio global. Y en la India, ha habido un intento continuo de hacer lo mismo: un proyecto que ahora está llegando a una fase crítica ya que los motivos del Estado, que actúa en nombre del capital privado (extranjero), se desnudan y los efectos devastadores sobre la salud, el medio ambiente y las condiciones sociales están claras, para que todos.

Cualquier compromiso serio de alimentar al mundo de manera sostenible y equitativa debe desafiar el sistema globalizado de capitalismo que ha producido la desigualdad estructural y la pobreza; un sistema que promueve la marginación de las granjas a pequeña escala y sus sistemas de cultivo. Este sistema es responsable de los devastadores impactos de la especulación de los productos alimenticios, las adquisiciones de tierras, el comercio manipulado y un sistema agricultura industrial.

Y dentro del sistema subyace cierta mentalidad. Tanto si se trata de Hugh Grant como de Robb Fraley o de Bill Gates, hombres blancos altamente remunerados (multimillonarios), con un compromiso ideológico con el poder corporativo, todos están tratando de forzar un modelo rentable pero falso de producción de alimentos en el mundo.

Ignoran los efectos de un sistema de capitalismo que tan claramente promueven y han aprovechado financieramente.

Es un capitalismo y un sistema de agricultura sostenido por el dinero manchado de sangre del militarismo (Ucrania e Irak), el “ajuste estructural” y los préstamos vinculados (África) o los acuerdos comerciales inclinados (India) por medio de los cuales el agronegocio transnacional impulsa una agenda global para satisfacer sus intereses y erradicar los impedimentos para obtener ganancias. Y no importa la cantidad de devastación que se produce o lo insostenible que sea su modelo, la “gestión de crisis” y la “innovación” alimentan la rueda controlada por las corporaciones.

Soluciones genuinas: agroecología, descentralización y localismo

Sin embargo, lo que realmente molesta a los intereses corporativos que alimentan el actual modelo agroindustrial intensivo, y que promueven los transgénicos, es que sus críticos están ofreciendo alternativas y soluciones genuinas. Abogan por un cambio hacia sistemas de agricultura más orgánicos, lo cual incluye el apoyo a pequeñas fincas y un movimiento agroecológico que está capacitando política, social y económicamente a la población.

Esto representa un desafío para todos los buenos evangelistas neoliberales (y los hipócritas puros). Para entender lo que implica la agroecología, volvamos a Raj Patel:

“Para entender lo que es la agroecología, es bueno primero entender por qué la agricultura de hoy se llama “industrial”. La agricultura moderna convierte los campos en fábricas. El fertilizante inorgánico añade nitrógeno, potasio y fósforo al suelo; los pesticidas matan cualquier cosa que se arrastra; los herbicidas no dejan nada verde…, todo para crear una línea de ensamblaje que escupe un solo cultivo… La agroecología utiliza los sistemas mucho más complejos de la naturaleza para hacer lo mismo, pero de manera más eficiente y sin el conjunto de la química. Se cultiva frijoles fijadores de nitrógeno en lugar de usar fertilizantes inorgánicos; las flores se utilizan para atraer insectos beneficiosos para manejar las plagas; las malas hierbas se aglomeran cuando la siembra es intensiva. El resultado es un policultivo sofisticado, que produce muchos cultivos simultáneamente, en lugar de uno solo”.

Y funciona. Vea lo que Cuba ha logrado. De hecho, se ha escrito mucho sobre la agroecología y su potencial para un cambio social radical, sus éxitos y los desafíos que enfrenta.

El Director Ejecutivo de Food First, Eric Holtz-Gimenez, argumenta que la agroecología ofrece soluciones concretas y prácticas a muchos de los problemas del mundo que van más allá de la agricultura, aunque está vinculada a ella. Al hacerlo, desafía -y ofrece alternativas a la economía doctrinaria moribunda predominante- de un neoliberalismo que impulsa el sistema fallido de la agricultura industrial con uso intensivo de transgénicos / químicos.

Holtz-Gimenez añade que la ampliación de la agroecología puede hacer frente al hambre, la malnutrición, la degradación ambiental y el cambio climático. Mediante la creación de trabajos agrícolas intensivos en mano de obra bien pagados, también puede abordar los vínculos interrelacionados entre la deslocalización laboral de los países ricos y la retirada de las poblaciones rurales de otros lugares que acaban en trabajos subcontratados (o tiendas de sudor). La globalización ha devastado las economías de los EE.UU. y el Reino Unido y que está desplazando los sistemas de producción de alimentos indígenas existentes y socavando la infraestructura rural en lugares como la India para producir un ejército de reserva de mano de obra barata.

Cuando uno no entiende al capitalismo y la importancia central de la agricultura, deja de captar muchos de los problemas que afectan actualmente a la humanidad. Al mismo tiempo, cuando usted es parte del problema y se benefician de él, hará todo lo posible para atacar y denigrar cualquiera que desafíe sus intereses.




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